Relato corto El elixir musical del Nirvana.

 

844c2e2efd245425.jpgigamos que en unos seis meses cumplo los veintidós, que me falta poco para el metro ochenta y cinco y que además de ser más bien atlético tengo el pelo castaño, los ojos claros tirando a un color miel y sí, soy un chico, imagino que ya lo habréis deducido. A veces demasiado introvertido y otras, cuando salgo con mis amigos, si me paso bebiendo más de dos chupitos sale ese yo extrovertido que hasta a mi me asusta porque no me reconozco.

De momento no digo nada que no sepáis, seguro que conocéis a alguien como yo, pero hace poco me ocurrió una cosa que nunca me imaginaria que pudiese suceder.

Para que todo quede más claro, me presento como debe ser. No es que sea el gran Mozart al componer mis obras musicales, pero si que toco el piano desde los cuatro años y compongo. En mi sangre llevo la música, mi madre fue bailarina en una compañía de danza y mi padre era el pianista, os podéis hacer una idea de que es una parte esencial en mi vida, y me encanta.

El caso es que uno de los profesores de la universidad me ha pedido que componga una melodía clásica para el final del semestre y todavía no tengo nada de nada.

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Después de estudiar y hacer todos los trabajos que me van mandando, día a día intento que las musas vengan y me inspiren, pero nada, ni aparecen, ni se dignan a asomar la patita y darme una sola nota. Llevo ya un puñado de noches harto de dormir poco y que no me sirva de nada. Incluso me he replanteado en dejar de perseguir mi sueño de ser músico y sacarme como pueda la carrera y hacerme maestro de música. Esto nunca me había pasado. Por algo mi padre siempre me ha dicho que yo no tengo madera de compositor, pero quiero romper eso, quiero que mis padres sepan que puedo con todo.

El otro día, mi amigo y compañero de habitación cansado de verme así me dijo que su compañía de baile hacía una fiesta y que sin duda estaba invitado. Os voy a ser sincero, apetecerme lo que se dice apetecerme no me apetecía, lo que pasa es que le debía una por un favor que le hice y después de como me sostuvo la mirada no puede decir que no.

 

La fiesta empezó en uno de los bares de la zona del campus hasta que el camarero nos echó porque cerraba y fuimos al piso de uno de ellos. Como recordaréis si bebo más de dos chupitos sale ese yo diferente, y tan diferente… Brindé por todos, volví a brindar por todos y así hasta que perdí la cuenta, y fue entonces cuando visualicé a una chica guapísima, bajita, rubia y con unas curvas por las que mis manos deseaban perderse.

Cuando me quise dar cuenta estaba en una habitación que no conocía con la rubia bajita y la cama deshecha bajo mi espalda, recuerdo las caricias salvajes de parte de ambos, las posturas en la que me puso y la puse y que luego descubrí que eran del Kamasutra… Pero de lo que sí que me acuerdo fue en el momento en el que la quería tener debajo de mí, por lo que cambié de posición a la del misionero y fue la que en poco tiempo hizo que pareja-sexo-mediumsu cuerpo se pusiera rígido, me acuerdo de cómo cogió la almohada para ahogar un grito que seguro no era menor de los que ya había dado y a mi en ese momento, me dio el subidón, me sentí poderoso y el saber que ella estaba alcanzando el nirvana de esa manera quise acompañarla. Pensaréis que es lo lógico y ya habréis leído esto en muchas historias, pero lo que me ocurrió a mí, fue más allá de lo que dicen que sientes. Me explico, en el momento que exploté todo mi alrededor lo hizo también, con los ojos cerrados y la boca abierta el mundo se detuvo, flipé, literalmente​ lo hice, un silencio se instaló en mi cabeza, uno mucho más intenso que el que hay en cualquier habitación cerrada a cal y canto, pero lo más extraño no fue eso, no. Lo más extraño fue que en segundos tres notas, tres sonidos perfectos y armoniosos se filtraron entre ese silencio y retumbaron en mi cabeza, como si un mini yo estuviera tocando el piano allí arriba y al terminar de escuchar la última nota, todo volvio a la normalidad con la misma rapidez que pasó.

Pensé, “Esto es cosa del orgasmo” y no sé porqué no le quise dar importancia, apunté las notas en un papel que encontré en la desconocida habitación y lo guardé en mis vaqueros para al llegar a mi habitación dejarla olvidada en uno de los montones de mi escritorio con el resto de papeles y junto a un arco de violín que alguien se había dejado allí.

 

Los días continuaron, los estudios me tenía totalmente absorbido y me olvidé del trabajo que debía de presentar. Mi profesor extrañado porque no le preguntase, me advirtió y presionó para que no lo dejase de lado ya que era una calificación muy importante. Insistió en que quería esa canción y confiaba en que la sacaría sin problema. Qué expectativas más altas tenía él de mí, vamos, las que a mi se me habían ido hacía meses por el retrete al ver que no lograba avanzar.

Sin embargo, una tarde que me encontraba con mi amigo me dijo que una compañera de su clase necesitaba ayuda con las últimas​ partituras que le habían dado, no dudó en aconsejarme para ayudarla y le dije que sin problema le diera mi número. Así que, sí, quedé con la chica en que la recogería en la cafetería del campus.

Cuando nos vimos pensé, “que chica más mona”. Nos pusimos a conversar y me sorprendió mucho su forma de ser, era muy dulce y simpática. Nos fuimos a mi habitación para estar más cómodos y concentrados, pero eso fue todo lo contrario que pasó al terminar de ayudarla con las partituras. El dulce pasó a ser un dulce picante, una8041226716996f0da7ab0263bf044553 conversación llevó a otra y luego otra más personal e íntima y me volvio a ocurrir lo mismo que con la rubia de la fiesta. Mientras ella se fumaba un cigarro yo me encontraba a su lado tumbado con otras tres nuevas notas rondando mi cabeza. No tardé en escribirlas a los pocos minutos en un clinex, que puse también en el montón de papeles encima de mi escritorio.

Una vez se fue, me dispuse a intentar sacar alguna nota más, pero pasó lo mismo que la otra vez, la inspiración me había abandonado de nuevo. Aunque mis notas de universidad eran excelentes al igual que mi memoria para recordar a la perfección las partituras que tenía que estudiar, no lograba avanzar nada en el trabajo asignado por el profesor. Lo dejé, total no iba a sacar nada y debía descansar.

 

Llamadme lo que queráis, os lo permito, ahora sé que tenía que, al menos, haber cogido antes los papeles con esas notas y haberlas tocado, pero cuando uno no ve por tener esa venda imaginaría que nos ponemos ante las complicaciones, nadie puede hacer nada con eso, solo uno mismo es el único que puede dar ese paso, quitarse la venda y ver lo que realmente tiene que ver.

 

Entonces vuelvo a recordar que mi frustración se encontraba al máximo y después de haber tenido varios exámenes seguidos decidí despejarme de alguna manera. Ese fin de semana era el cumpleaños de mi amigo y qué mejor excusa que esa para hacerlo. Es decir, que si o si tenía que ir. Y allí estaba con una copa en la mano, riéndonos a mandíbula batiente mientras bailamos y disfrutabamos del momento.

Como si de una treta del destino se tratase, de repente me encontraba con una chica a la que no recordaba haber visto en la fiesta pero que es posible que, entre chupitos y copas, se uniese a mitad de esta cuando intentaba interpretar a James Brown en el karaoke. Lo que sí sabía era que no la conocía de nada, pero ahí estaba, medio adormilada en la cama de unas de las habitaciones del piso de mi amigo con cara de recién follada y mientras yo, sentado a su lado, escribí en un papel otras tres nuevas notas más.

Ese fue el momento en el que me di cuenta de que la inspiración había cogido una curiosa manera de darme esa magia invisible que solo los oídos pueden escuchar y nadie puede ver.

 

Desde ese día hasta una semana después, fui un poco ambicioso con el descubrimiento, a principios de semana vino una amiga a visitarme, una amiga de toda la vida y con derecho a roce; que todo lo queréis saber. ¿Imagináis que ocurrió? Pues sí, no desaproveché la oportunidad y las tres notas llegaron al los pocos minutos de revolcarnos en la cama. La atracción sexual que siempre hemos tenido no era menos ese día, tanto que no puedo negar que estaba para un segundo asalto y muchos más, o vamos, los que aguanté. Lo único que no volvió a suceder esa noche fue que la inspiración me diera más notas, eso sí, sus gemidos y gritos junto a mis gruñidos al llegar a lo más alto si que se escucharon entre las cuatro paredes.

 

Al día siguiente, cuando me encontraba ya despierto recordé todas las notas que había escrito de cada encuentro con las diferentes chicas y al llegar a mi mesa volví a dejar el arco del violín en el escritorio de mi compañero; seguro que se le habría olvidado a 1555alguno de sus amigos que venían a ensayar. Ordené los trozos de papeles que había amontonado y me dispuse a pasarlo a una partitura, cree así una supuesta melodía clásica, o más bien, una melodía disonante que no me convencía nada porque al final ninguna nota creaba un sonido definido entre todas. Intenté toda la tarde sacar alguna nota más y lo único que conseguí fue que los sonidos que obtenía cada vez que pulsaba cualquier tecla fueran eso, disonante y desafinados y me di por vencido.

 

Harto de tanta presión por sacar la melodía adelante, de no conseguir nada y ver que no avanzaba, dejé la partitura en un cajón olvidada.

Pasó un tiempo sin que la inspiración volviera, la época de los dos exámenes por día o incluso tres en la universidad no tardó en llegar, cuando me di cuenta habían pasado ya dos meses desde aquello.

Me puse a buscar una canción en mi escritorio que necesitaba mi compañero y encontré la corta partitura que guardé y olvidé aquel día junto a lo que buscaba. Me picó la curiosidad y decidí intentarlo de nuevo, pero esta vez probé de la manera que sabía seguro que sí tendría lo que buscaba. Así que sin comerlo ni beberlo, me dejé llevar.

 

Una tarde en la que nos reunimos para celebrar que habían contratado a varios en una compañía de danza, la situación se desmadró un poco.

Recuerdo salir del baño y ver a dos chicas desnudas dormidas en la cama de mi articulo-fichero_403647_20170723.jpg,950,380,0habitación, las notas pululaban en mi cabeza y como no quería despertarlas, con sumo cuidado busqué un papel y escribí las seis notas que me habían regalado esa noche, después me uní a ellas en la cama para poder descansar.

 

 

Pero todo volvió a cambiar días después, el verdadero elixir musical de mi nirvana vino con ella, la musa, esa musa que mi mente, mi destino, como queráis llamarlo, sabía que nos encontraríamos y que entre los dos alcanzaríamos lo que ambos buscábamos.large

Ella era la nueva violinista del grupo y amiga de mi compañero de habitación, la que un día llamó para preguntar por su arco de violín e hizo que me enamorase​ nada más verla. Ella era la que consiguió lo que ninguna hizo.

Declinó la invitación a mi habitación el día que salimos a tomar unas copas, insistió en que solo quería mi amistad. Ella me enseñó el amor puro, amor hacia ella y hacia la música.

Por unas semanas me olvidé de aquella locura de la inspiración que tanto me obsesionó. Hasta el día en que sucumbimos a la pasión, ese día fue cuando descubrí que ella había echo que saliera mi verdadero yo y mi inspiración volviese con más potencia y energía que nunca.o-SINGLE-WOMAN-facebook

Esa vez no me hizo falta esperar a llegar al éxtasis para que las notas vinieran a mi, no. Sino que, en cuanto mis manos acariciaron por primera vez su cuerpo las notas fluyeron en mi mente hasta que ambos alcanzamos el clímax, completándose así la melodía. Me sentí como si me hubiera ocurrido toda la vida​. No sabía qué hacer, si parar y escribir o seguir y arriesgarme a que se me olvidasen. Y por una vez en mi vida me deje llevar de verdad, quise disfrutar del momento, de ese momento, de nosotros, de ella.

Esa magnífica noche estuve nervioso porque las notas no paraban de sonar en mi mente y no me dejaban dormir. Entre vuelta y vuelta decidí levantarme y mientras mi musa dormía compuse la que realmente a día de hoy es para mi la melodía perfecta, de principio a fin, eso sí, he de decir, que cada una de esas notas es exclusivamente de ella.

* Melodía que para mi representaría a la mencionada en el final del relato. “Cold” – Jorge Méndez (Sad Piano & Violin Instrumental)

El profesor me dio la enhorabuena y mi calificación lo demostró, incluso mis padres quedaron impresionados por tan romántica melodía. Respecto a las anteriores notas al final no me sirvieron, pero sí que debo de aclarar que gracias a esa manera curiosa que ha tenido la inspiración de demostrarme el cómo pude obtenerla, encontré a la mujer de mi vida, a la musa que llena mis pentagramas de preciosas notas con sentido, mi corazón de calor, pasión y amor y la cual cambió toda mi vida.

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También podéis encontrar este relato en la web Picaronia. Web Picaronia: El elixir musical del Nirvana

 

 

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