Especial Halloween. 2°parte: Oscuridad. (Final)

Me bebo de un trago el alcohol que lleva el vaso de mi mano, el chico que me acompaña se queda asombrado al verme hacerlo y yo solo sonrio con inocencia.
Siento su calor, siento fluir su sangre por su cuello. Mi instinto cada vez es más fuerte, tanto por mi supervivencia como porque le estoy protegiendo. ¿Porque? Tengo el presentimiento de que esta noche será muy diferente de como había pensado.
Dejo el vaso en la barra y me arrimó a él.
—Tu chica se ha ido con mi compañero.
—Es una buena amiga, puede irse con quien quiera.
—Entonces, ¿tú te puedes ir también con quien quieras?
Afirma con una sonrisa arrebatadora mientras pasa su brazo por mis hombros y me atrae hacia él.
—¿Si te digo que nos podemos ir en cualquier momento que quieras y a donde quieras?
—Pues no se diga más.
Miro el reloj, me quedan diez minutos.
Nos empezamos a ir cuando varios grupos de personas encapuchadas con caretas ensangrentadas entran por las diversas calles que dan a la plaza, a leguas huelen a maldad. Apresuro el paso para que no lleguen estando nosotros en la plaza y estemos ya fuera.
Una vez nos paramos en una zona donde apenas hay luz, pero la justa para que no se asuste, y no muy alejada de donde estábamos.
Su cuerpo pide a gritos que haga lo que quiera con él. Me aproximo y comenzamos a besarnos, su calor corporal se eleva por momentos, su yugular palpita y creo que es el momento perfecto. A unos pasos de nosotros veo a Dante que está en la misma situación que yo con la muchacha. Sentimientos encontrados se instalan en mi interior, no me gusta que sus manos toquen a nadie, pero cuando se trata de comer o supervivencia tenemos que dejar de lado lo que sentimos para dar paso a lo primitivo.
Nuestro beso sube de nivel, damos paso a nuestras lenguas y sus manos comienzan a moverse por mi espalda, está obnubilado y deseoso por más, cree que esta noche lo va a pasar muy bien. Sin embargo, la realidad dista mucho de su pensamiento.
Me separo un poco de sus labios y con disimulo miro mi reloj de muñeca, es la hora.
Deslizo mis labios por su angulosa barbilla hasta que llego a su yugular, su sangre huele entre dulce, alcohol y metálica, aunque es de las más tentativas que he olido en mucho tiempo, aunque sé que no me va a gustar ese sabor amargo y acartonado que me deja siempre el alcohol.
De manera instintiva abro los labios y mis dientes asoman rozando ambos lados de mi lengua, estos se clavan en su piel la cual al principio está un poco dura, pero en cuanto mis colmillos traspasan la primera capa se deslizan con fluidez hacia el interior, justo cuando llegan a la vena y la perfora, suena la primera campanada de las doce.
Le agarro para que no se escape o no se mueva, hinco más los colmillos y su sangre fluye hacia mi boca, la siento por mi garganta y es cuando el éxtasis comienza a explorar dentro de mi. Me giro un poco para comprobar que Dante sigue donde estaba y se encuentra al igual que yo, bebiendo el elixir de la vida de aquella pobre muchacha.
Me siento mucho más fuerte y con más “vida”, vida, lo que se dice vida, no tengo, no obstante tengo que sobrevivir y para ello hay inocentes que sufren por ello.
A escasos sorbos del final del chico, oigo gritos desde la plaza, son gritos de terror. Pasan varias personas corriendo por detrás de mí y en una fracción de segundo les observo y sé que por su tensión corporal, algo grave está pasando.
El cuerpo casi inerte del hombre que tengo en mis brazos se convulsiona un poco, tengo que terminar con su sufrimiento, pero una mano en mi hombro me hace dejar el cuerpo en el suelo.
—April, no hay tiempo. En la plaza hay una purga y tenemos que irnos. —Es Dante y me mira con angustia, teme por nuestros. —No he podido dejarla así, la he hecho beber de mi sangre. — la tiene en sus brazos, parece una muñeca. — date prisa.
Parece que vamos a tener nuevos miembros en la gran familias de vampiros que somos, al menos les hemos salvados de lo que vimos al irnos de allí. Esa noche la purga fue una de las peores de hace muchos tiempos.
No obstante, nosotros entre las sombras de esa noche, seguimos buscando almas de las que alimentarnos. 02b34085157655e1448e8fbf308764fd

 

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