Especial Halloween. 1°Parte: Oscuridad

La oscuridad me rodea, las voces se hacen ecos escabrosos entre las calles. Oigo pasos en la distancia, sé que es él, nunca me deja sola.
Siento su presencia y no puedo evitar sonreír. Huele a madera, a humedad y a un toque de almizcle. Pasan dos chicas muy bien proporcionadas por mi lado y al mirarlas ellas cuchichean y se ríen mirando a alguien detrás de mí, las veo como se colocan el pelo intentando flirtear con él, no saben lo que él sería capaz de hacerles. Mis labios se elevan, sí, me encantaría verlo.
“Sigue” murmura un voz grave en mi mente.
“vale, pero no te metas más en mi cabeza”
“Esta bien preciosa”
“Que no me llames preciosa”
“¿Entonces cómo quieres que te diga si es lo que eres?”
No me doy la vuelta, sin embargo, elevo la mano y mi dedo corazón le dedica un poco más de atención a quien solo escucho su voz en mi mente. Su risa se filtra de nuevo entre mis pensamientos.
Oigo jaleo al fondo de la calle y eso distrae mi atención, miro el reloj de pulsera y con horror me doy cuenta de que son casi las doce.
“Acelera el paso Dante”
—Hola April, cuanto tiempo sin verte.
Un hombre de unos cuarenta años vestido con un esmoquin al estilo pingüino y con un sombrero alargado, todo él de color granate me para tras poner su mano en uno de mis costados; a Dante no le va a hacer nada de gracia. Alzo la vista y su cara es de asombro falso. Típico en él.
—Philip querido, tanto como para esperar medio siglo más para que nos volvamos a ver.
—Suéltala.
—Hermano Dante.
—Hermano Brandon. Suéltala.
Sin mediar más palabra emprendo mis pasos y continuo por la acera de pequeñas piedras unidas en cemento. Vuelvo a sentir sus pasos detrás de mí.
Al llegar a la plaza observo todo el lugar, hay niños y adultos disfrazados, un escenario a un lado con una barra donde sirven bebida, en ella están ya más de un borracho mirando como las jovencitas del pueblo se mueven al son de la música.
“Me dan asco”
“Nada, no. Que hoy mis palabras se la van a llevar al viento.” me escucha en su mente.
“Hoy no. No quiero que nadie nos escuche. Hoy es especial, hoy es nuestro día. No quiero que nadie nos lo estropee.
Se pone a mi lado y ahora es él el que me atrae hacia su cuerpo.
Desde donde estamos buscamos a una presa. De momento los que hay no son los que queremos. Se acercan las doce y no podemos perder más tiempo.
A los pocos segundos una pareja aparece, son de mediana edad. No me da tiempo a decir que ya tengo a las presas cuando Dante me afirma que empecemos el juego.
—Hola cielo, ¿cómo te llamas? —me dice después de que Dante haya sacado a bailar a la acompañante.
—Por ahora no te lo voy a decir, pero si me invitas a algo puede que te lo diga.
Dante me lleva ventaja, acaba de desaparecer entre unas de las calles de la plaza, ya tenemos a nuestras presas.
Son casi las doce, le miro a los ojos y solo veo lujuria en ellos, por mi parte solo quiero saciarme. Le cojo de la mano y tiro de él, ahora viene lo bueno.

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