Una vez más. Capítulo 9: Dulce paladar.

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“El amor y la razón, son dos viajeros que nunca habitan juntos en el mismo albergue: cuando uno llega, el otro se va.” Shakira.

¡Batmanmía! No me lo podía creer. ¡Si era el hermano de Natalia!

Nada más entrar; que por una vez llegué a la hora que me dijeron cuando llamé, lo vi leer muy concentrado un libro que deduje era de postres. Se veía muy sexy con ese delantal. A medida que me acercaba a él, un calor abrasador se fue expandiendo por todo mi cuerpo. Seguro que tenía los mofletes colorados. Me estaba pasando igual que aquella vez que le vi en el hospital y cuando estuvo ayudando a su hermana con la mudanza. Como una adolescente cuando ve al chico buenorro del insti y éste le sonríe, pues yo, me sentía igual de hipnotizada. Situándome delante de él para preguntarle en qué mesa debía estar, no pude decir nada, me distrajo su pelo moreno, me invitaba a que lo tocase e hiciera cosas con su dueño que hasta yo misma me llegué a ruborizar al imaginarias. No me reconocía. “¿Pero Claudia? ¿De dónde me sale estos pensamientos tan pecaminosos?””. Esta manera de pensar no era muy normal en mi y mucho menos últimamente. Seguro que necesitaré un poco de desfogue, sobretodo porque no era nada bueno pasar tanto tiempo con Vega y sus historias subidas de tono con Julio.

—Hola. —Por fin me atreví a hablar, pero no sabía si me había oído, al menos yo a mi misma no.

Elevó su oscura mirada de lo que le tenía tan ensimismado. Vi en su expresión que me había reconocido y una sonrisa arrebatadoramente sexy se instaló en sus labios.

—Hola. ¿Qué tal? ¿Qué sorpresa? ¿Vas a apuntarte al curso? —Me preguntó sorprendido.

—Sí. Me ha llamado la atención el anuncio y me he dicho, “¡Claudia ¿Porqué no pruebas?!”

Me estaba poniendo nerviosa por momentos.

—Para eso pusimos el cartel. Además, te informo que esto requiere de paciencia y cariño a la par que constancia.

Cerró el libro y lo dejó encima de la mesa. Vi que entraba más gente. Encima, él no ayudaba, me ponía aún más nerviosa cada vez que sonreía.

—Entonces espero dar la talla, porque soy un cero en la cocina. —le contesté sin pensar mientras apretaba el cuaderno que había traído contra mi pecho.

—¿Has hecho alguna vez un postre?

—No, de eso siempre se ha encargado mi madre. A mi me gusta más, comermelos.

La última palabra sonó demasiado baja para mi gusto.

“¿Pero tú te has escuchado, Claudia? Como has podido ser tan descarada y bocazas. Podría pensar cosas que no son, ¿o sí son? Ufff, ¡Qué calor hace aquí! ¿No?”

Lukas, cambió de postura a una ladeada y su sonrisa se alzó aún más.

—Pues tranquila, que de aquí saldrás siendo una experta en repostería.

Un “hola a todos” nos hizo dar la vuelta. Vi que era el maestro y la señal para sentarme.

—¿Dónde me siento?

—Dónde quieras, no hay sitios asignados, pero… Mejor ponte ahí. —me señaló la primera mesa de la izquierda.

Aunque era la primera clase, ésta fue muy divertida y amena. Nos enseñaron a preparar un simple bizcocho. Hicimos varios, uno se me quemó y el otro no subió. Menos mal que Lukas era el ayudante y estuvo a mi lado ayudándome en lo que podía. Cuando estaba recogiendo mi parte de la mesa un mensaje en mi móvil me distrajo.

“Mira, xro no verás. Busca, xro no encontrarás. Intenta cambiar, y nos veremos las caras. Te avisé y no me hiciste caso. Atente a las consecuencias.”

No sabía el tiempo que me había quedado mirando el móvil cuando una mano me sobresaltó.
—¿Estás bien?
Era Ramón el maestro. Me miró preocupado al verme quita. De reojo observé como Lukas me estaba mirando también.
—Eh, sí, sí. Bueno—recogí todo rápido y antes de salir por la puerta me di la vuelta para despedirme. —pues hasta la próxima clase.
—Hasta el jueves, Claudia.
—Hasta luego, Claudia.
Se despidieron y con paso acelerado salí al baño. Una vez dentro de éste me miré en el espejo. No podía creer que después de un mes sin saber nada de él, otra vez volviese. En el mensjae no decía que era él, pero era en sus palabras estaba escrito su nombre. No creía nada, no entendía porque no me dejaba en paz y mucho menos porqué no rehacía su vida. Respiré varias veces y me eché agua en la cara para tranquilizarme. Tenía que salir de aquí y seguir, la vida sigue y no espera a que le demos al pause para poder pensar un plan b.

Llamé a Vega para ver si podía llevarme y nada, estaba con un cliente intentando convencerlo para que comprase un cama victoriana, no la dije nada, no quería molestarla y menos preocuparla al igual que Julio, con el que intenté contactar pero estaba con sus padres. Parecía que hoy no era el día para que me ayudasen y la idea de volver sola a casa me producía un nudo en el estómago. Volví a verme en el espejo y la imagen que me reflejó fue de una chica fuerte que últimamente había vivido muchas cosa, sin embargo, podía con todo.
Cuando me disponía a salir por la puerta alguien me llamó, no le hice caso y seguí caminando hasta casi llegar a la entrada del metro.
—Joder Claudia, que te estoy llamando.
Reconocí la voz y me tranquilicé.
—Lo siento Lukas, estaba pensando en mis cosas.
—No pasa nada. ¿Te importa que te acompañe? Quiero ver a mi hermana y hoy no tengo nada que hacer.
—Claro, sin problema.
El viaje fue tranquilo. Estuvimos callados cada uno mirando nuestros apuntes, y lo sorprendente fue lo caballeroso que era Lukas conmigo, respetó mis silencios. Lo malo era el corta rollos que llevaba encima, todo lo feliz que estaba antes, ahora estaba abstraída, me sentía en otro mundo paralelo. Pasé de él bastante e iba como una autómata en todo el trayecto, una vez llegamos a casa me fui directa a la habitación, él fue en busca de su hermana nada más cruzar la puerta de la entrada.
—Hola Natalia, Tienes visita.
—¿Enana?
—En mi habitación. Espera, vete al salón, ya voy.

Cuando fui a la cocina a por agua, me crucé con él en el pasillo, me miró con esos ojos marrones que cada vez me volvían más loca y antes de ir al salón me dijo en voz baja.
—Claudia, te conozco poco pero creo que te pasa algo, si necesitas que te ayude o lo que sea dímelo.
Solo afirmé, no me salían las palabras, estaba bloqueada. Después de eso y sin decir nada más me fui a mi habitación.
Llevaba media hora estudiando cuando entró Natalia con las muletas, desde que le quitaron la escayola intentaba moverse más de lo que debía.
—Vamos a cenar.
—No tengo hambre.
—Mira Claudia, mi hermano me ha comentado lo que ha pasado en su clase, que por cierto, no me lo habías dicho que te ibas a apuntar. Bien por ti. Y volviendo al tema, ¿quién te ha mando el mensaje y ha hecho que la Claudia dicharachera y alocada haya cambiado en cero coma, a una Claudia sombría y apática?
No podía callarme con ella, no sabía como lo hacía, pero siempre acababa sacándome la información que quería. La adoraba, se había convertido en menos de un mes en una persona muy importante para mi.
—David.
No hacía falta decir más.
Se acercó todo lo rápido que pudo y con una muleta se sujetó para no caerse y con la otra me dio en el muslo.
—Levántate ya. No pienso permitir que te quedes ahí pareciendo una emo. Mueve el culo ya que además tenemos suerte, mi hermano hace la cena.
—¿Tu hermano? Pero si es el invitado.
—Ya, eso es lo que le he dicho, pero no me deja entrar en la cocina. Y va hacer pollo al no sé qué.
Decline, no me quedaba otra con ella, era eso o llevar moratones en las piernas por darme muletazos para que me moviera.
—Está bien. Venga vamos.
La cena estaba deliciosa Lukas iba a ser un gran chef, de eso estaba muy segura. La velada fue muy divertida y consiguieron relajarme con las gracias de Natalia y con cada rabieta que ésta se pillaba cada vez que Lukas se metía con ella. Me encantaba ver el amor fraternal que había entre ellos. Lukas estuvo parte de la cena mirándome, le pillé en varias ocasiones y solo podía decir que me encantaba. Pero aún así, el mensaje de David me rondaba por la cabeza, no me encontraba al cien por cien y no me gustaba. También estuve pensando en hablar con Rafa y cada vez me sentía más convencida, tanto, que decidí ir al día siguiente a hablar con él. Además de decirselo a Vega y a Julio. Mientras recogíamos todo, Natalia nos dejó solos a Lukas y a mí en el salón.
—Sé que te lo he dicho antes y que no debería de meter donde no me llaman, pero he hablando con Natalia y me ha comentado el problema que estás teniendo con tu ex. Solo quería decirte que si necesitas cualquier cosa, lo que sea, dímelo.
—Tranquilo, está todo controlado.
—Vale, pero de verdad que sea lo que sea, no lo dudes. Natalia te aprecia mucho y no querría que os hicieran sufrir.
—No te preocupes, si te necesito, te llamaré.
—Chicos, yo me voy a la cama estoy muerta. Buenas noches.
Natalia asomó la cabeza por la puerta del salón interrumpiendo lo que Lukas iba a decirme.
—Buenas noches. —dijimos los dos a la vez.
—Yo también me voy. —dijo Lukas.
Vi que eran ya las doce y media de la noche.
—¿Cómo te vas a ir a estas horas? Quédate a dormir, el sofá es cama y la verdad es muy cómodo.
—No, me mejor me voy que no quiero molestar.
—No, no y no. Mi hermana siempre me dice que antes de dormir un Nesquik viene genial para conciliar el sueño. ¿Te hace uno?
Él negaba con la cabeza.
—No pienso dejar que te vayas a estas horas.
Le miré y no sé cómo lo hice, pero le convencí.
—Está bien, me quedo. Ahora deleitame con ese Nesquik.
Mientras se colocaba el sofá a su gusto yo estaba en la cocina entretenida, cuando al rato le note en la puerta mirándome.
—¿Te ayudo?
—Nop. Siéntate donde quieras.—dije y saqué su vaso del microondas.
—Y bueno, ¿chef? ¿cómo decidiste serlo?
—Pues resulta que mi madre siempre ha trabajado en restaurantes y desde pequeño he estado con ella, ya sabes, mi padre trabajaba todo el día y los sueldos no llegaban para meterme en una guardería o para pagar a alguien cuando salía del colegio. Con lo que crecí entre fogones y al ver que se me daba bien y a todos les gustaba lo que cocinaba, me animé y hasta ahora.
—Te habrá costado lo tuyo.
—La verdad es que si. Como se suele decir, sudor y lágrimas. ¿Y tú?
—Yo lo he tenido un poco más fácil. Mis padres no han tenido problemas económicos, pero a mi me costó bastante decidirme qué estudiar y acabé en empresariales, mi padre me aconsejó y a día de hoy, sigo sin tener claro nada.
—Ya llegará el momento en el tengas claro lo que quieres.
—Pues espero que no tarde, porque termino este año la universidad y…
Sonó el móvil en el salón y fui corriendo a por él.
—¿Sí? —Descolgé y nadie contestó. —¿Sí? —al ver que no respondían colgué.
Volví a la cocina.
—Es tarde y mañana tengo que estar pronto en el restaurante, tengo que presentar dos platos y necesito estar despejado. Muchas gracias por dejarme dormir, la verdad es que volver a mi piso me hubiera supuesto un largo camino.
—¿Donde vives?
—Por Pacífico.
—Batmanmia, pues tendrás que salir pronto.
Afirmó mientras llevaba su vaso y el mio, y sin decirle nada lo lavó.
—No hace falta que lo laves.
—Tarde. Y por cierto, ¿de donde has sacado eso de batmanmia?—se rió y me pareció preciosa su sonrisa.
—Es un palabra que me inventé cuando era pequeña. Veía la serie de dibujos de batman, es que echaban en la dos, y me enamoré de Batman, desde entonces y que yo recuerde siempre he dicho esa palabra.
—A mi también me gustaba Batman, pero prefiero Superman.
—No, no puede ser. Pues que sepas que me has decepcionado, ya no eres mi tipo. —le suelto riéndome y como la gran mujer del drama puse mi mano en mi pecho e hice un gesto de disgusto.
—Una lástima, porque podríamos conquistar el mundo.
Me reí mientras me salía de la cocina, pero antes de irme a dormir me di la vuelta.
—Bueno, también me puedo dejar conquistar. —Si nos ponemos en plan de coqueteo, en eso nadie me gana. Me Apoyé en el marco de la puerta fe la cocina y con mi mejor sonrisa esperé a que me mirase.— Buenas noches Lukas. Hasta mañana.
Le dejé de pie y apoyado en la barra de la cocina mientras me miraba, no le di tiempo a que me dijera nada, me fui a mi habitación. Me sentí cohibida de golpe. Estaba sintiendo sentimientos contradictorios, por un lado Lukas me revoluciona sin que me dé cuenta y me vuelve loca y por otro el ver a otro hombre que no fuese mi padre, Julio o en su día David en mi casa, me parecía extrano.
Esa noche no soñé, no tuve pesadillas y para mi, eso era raro y a la vez tranquilizador. La dichosa vampira todas las noches me visitaba y esa no lo hizo. Cuando me levanté para desayunar e irme a trabajar, Lukas ya se había ido y algo en mi interior se removió, no me gustaba este nuevo sentimiento. No quería sufrir de nuevo.
—Claudia tienes un paquete en el recibidor. Y buenos días.—Chilló Natalia desde su habitación. —Y me ha dicho Lukas que esta mañana lo han dejado cuando él se iba.
Sin pensar en nada, corrí al recibidor y ahí estaba. Una caja como la de los zapatos y una nota que ponía.
“ERES MÍA Y DE NADIE MÁS “.
Cuando la abrí no creía lo que se encontraba en su interior.

 

 

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