Una vez más; Capítulo 7: Collarín, el segurata de la uni y nuevas noticias.

Hola a toda/os después de un tiempo por fin os traigo un nuevo capi, espero que os guste, ya me diréis en los comentarios.

Este capítulo se lo quiero dedicar a SoniaLopezSouto por ser tan magnífica persona, además de escritora. Gracias por haberme ayudado en los malos momentos con tu imaginación y por contestar y tener siempre las palabras correctas.

Ahora sí, os dejo leer. Besetes.

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“Al final todo saldrá bien y si no sale bien, es que no es el final”

Al día siguiente y antes de comer, nos dieron el alta a las dos, bueno más bien nos “echaron”. Natalia se iba a casa en silla de ruedas y yo con un molesto collarín. Cuando le dije a mi padre de acercarla a su casa, no puso ninguna objeción. En el trayecto nos dimos nuestros números de teléfonos, ambas queríamos seguir en contacto. Me había caído súper bien y la verdad personas con la personalidad tan abierta y a la vez tan sencilla como la de Natalia, no se encuentran al día de hoy. Le prometí que en cuanto terminase de declarar en la comisaría la llamaría. Sus ojos se le iluminaron.

—Ahora que dices lo de la comisaría, no me he acordado de que tengo a Arno.—le miro extrañada— es verdad, que tu no juegas al Assasin. Pues eso, que tengo al prota en la cámara de justicia de todos los Assesins. Ya te contaré.

Solté una carcajada la cual hizo que mi padre me mirase por el retrovisor y negara con la cabeza. Cuando llegamos a su casa, Sonia, la madre de Natalia la esperaba afuera y nos dio las gracias por haberla acercado. Una vez nos despedimos, pusimos camino a casa.

Parados en un semáforo, mi padre me dijo que mi madre de lo contenta que estaba porque me daban el alta, se había pasado tres pueblos haciendo comida y que tendríamos hasta la navidad del año siguiente. Me reí por el comentario, mi padre como buen andaluz que es, siempre exagerando las cosas. Aunque conociendo a mi madre, la veo capaz de hacerlo.

—¡Chatinaa! ¿Pero qué te ha pasado que la otra noche tus padres salieron escopetado a las tantas de la madrugada? —

Esa era Lola, como no, la super maruja que nos había parado antes de que mi padre metiese la llave en la cerradura.

—Hola señora Lola. Pues ya ve, el cansancio que es muy malo.—Le contesté y viendo que quería hablar más, vamos como toda la vida desde que la conozco, me dio un arrebato y le quité las llaves a mi padre para intentar que la maldita llave que no conseguía mi padre atinar, se metiese en el agujero.

—Pues niña, descansa porque si no, va a ser peor. Nunca se sabe lo que te puede pasar.

Venga, venga… Métete maldita llave.

—Bueno señora Lola. Le vamos a dejar que ya es un poco tarde.— Mi padre la interrumpió para que pudiésemos seguir, si fuese por ella podríamos estar toda la mañana hablando.

¡Bingo! Entró. ¡Toma ya!

—Si, si. Que seguro que no habéis comido.

—No, la verdad es que no. —Le contestó mi padre otra vez y abrí la puerta.

—Dile a Carmen que tengo que darla unas ropas para que se las lleve a esa asociación a la que va a ayudar. Y chatina, que sepas que me gusta esa pulsera azul, te queda muy bien. Y ten más cuidado en la carretera.

No me dio tiempo a contestar cuando entró y cerró la puerta. Como la conocíamos no hablamos hasta haber cerrado la nuestra, porque seguro que tenía la oreja puesta en la puerta.

—Papá. ¿Le habéis dicho a alguien que he tenido un accidente? —Pregunté al llegar a la salita de estar y dejar el bolso.

—No hija. No nos ha dado tiempo ni de llegar a casa. Ayer estuvimos contigo y con tu tía. Además, ya sabes que esta mujer tiene el oído muy fino y escucha hasta el insecto más insignificante que pase a dos calle de ella.

Esta mujer seguro que era bruja, solo le falta el gato negro.

Me estaba entrando hambre de lo bien que olía el guiso de mi madre. Después de comérmela a besos, me senté en la mesa de la cocina y no tardó en poner un plato hasta arriba de lenteja, no tuve más remedio que dejarlo vacío. Con tal de ver la cara de felicidad que tenía de verme comer así, no podía negarme y más con el susto y el disgusto que les he dado.

Decidí reposar la comida antes de ir a la comisaría. Así que me tumbé en mi cama de cuando era pequeña. Sí, lo sé, mi madre se negó a quitarla a pesar de mi insistencia a que mi padre por fin tuviera una habitación para que pudiese ver el fútbol sin molestar a nadie. Pero como siempre, mi madre ganó y el cuarto está tal cual lo dejé.

No quería dormir aunque por ganas no eran, además tenía que estudiar y la concentración se fue al garete cuando sonó el “tilín” de que me había llegado un mensaje. Al desbloquear el teléfono vi que varios compañeros de clase me preguntaban que me había pasado y otros como me encontraba. Antes de guardarlo le mandé un mensaje a Julio para que me acompañase a comisaría cuando terminase de dar clase.

—¿Claudia? — Era mi hermana asomando la cabeza por la puerta.

—Inés. Pasa.

—¿Cómo te encuentras? — Me dio dos besos y un suave achuchón.

Se sentó en la cama y de reojo vi que tenía un chupetón en el cuello.

—Yo mejor, pero veo que tu estás… cómo diría yo, ¿un poco succionada?

Agachó la cabeza, igual que cuando la pillaba mi madre haciendo algo que no debía, e intentó hacer el amago de taparse con el jersey mientras una risa nerviosa me dio a entender que la había pillado.

—Bueno, si. ¡Eh..!— Miró hacia la ventana.

—¡Ya me lo estás contando todo!

—Pues… nada… es un chico de la uni, pero a la vez no lo es.

—¿Y cómo se come eso?

Levantó la mirada.

—A ver… Últimamente tengo que ir mucho a la biblio y a los laboratorios y… bueno…

—Venga Inés. ¡Arranca ya! !Que la pequeña de las dos, soy yo y la vergüenza la tendría que tener yo!

—Pues… es que… estoyconunodeseguridaddelauni.

Estaba asombrada con lo roja que se había puesto y me puse a reír a carcajadas. ¿Mi hermana con uno de seguridad, con lo que los odia? No me lo podía creer.

—Serás gilipollas. —Se levantó y se puso a dar vueltas en la habitación. —Si lo llego a saber no te lo cuento.

—Venga Inés, lo siento. Pero no te veo con un segurata. Es como si fueseis antinatura. —Puso los ojos como platos y para chinchar más añadí — Además, tendrías que verte, es estás tan mona con ese rojo por estar colorada. Me recuerdas a un anuncio de Coca Cola en navidad.

—No te doy porque estás como estás. Porque si llegas a estar bien, tú no sales de esta habitación viva. —Se sentó de golpe en la silla del ordenador. Me señala con el dedo y me dice con un tono desafiante.— Pero en cuanto te digan que estás bien. Te comes un cojinazo o lo que tenga a mano. Y ahora que me doy cuenta. Tu estás muy alegre y sarcástica para haber tenido un accidente. ¿Se puede saber que te tiene así de contenta?

No se como lo hice pero no escuché la última frase, mis pensamientos se fueron de golpe a otra parte, en concreto a Cádiz. Me acordé del día de la playa, cuando ella me llamó y me dejó prácticamente con la palabra en la boca, sumé dos más dos y supe con quien estuvo ese día.

—Serás perra. Mírala, ahora cuadra todo. Por eso no me hicistes ni puto caso y me dejaste con la palabra en la boca el día que me llamaste en la playa.

—¿Eh? ¡Aaah! Siii. Me considero culpable —Sonrió con mucha pillería. —Ese día me sorprendió y ya sabes…, pero no cambies de tema.

—Ya, ya y tanto que culpable.

—¡Claudia! Ha llegado Julio. — Chilló mi madre en el pasillo antes de abrir la puerta.— ¿Le digo que suba?

—Sí.—Le contesté casi chillando.

” ¡Batmanmia! ¿Ya está aquí? Mierda, mierda, y más mierda. ¡Si todavía no estoy lista!” Iba pensando mientras buscaba un jersey.

—No sé cómo lo haces, pero últimamente no me dejan sacarte ninguna información a la primera, ya te pillaré.

Pasé de ella. Tenía bastante prisa, quería quitarme del medio lo de Rafa. Me puse el jersey blanco con cremallera delantera y me miré en el espejo. ¡Perfecta!

—No sé a qué te refieres. Y tú me tienes que contar que a hecho ese segurata para que cambies de opinión. Bueno, pensándolo mejor, no me lo cuentes que no quiero imaginarlo.

La di un beso sonoro en la mejilla .

—Ya hablaremos, me tengo que ir. Te quiero.

Salí al salón y dejé a Inés con la palabra en la boca.

—¡Enana! ¿Cómo estás?

—Mucho mejor. Parece un milagro. Aún me duele de el cuello y tengo resentida la espalda. Pero en general muy bien.

—No sabes cuánto me alegro.

Me dio dos besos, vi que no se había quitado el chaquetón. Me puse el mio y nos despedimos.

En su coche y de camino me contó cómo sus alumnos intentaban copiar en el examen que hoy les tenía preparado. No sabía cómo agradecerle que sacase otro tema de conversación que no fuese el accidente, gracias a eso mis nervios estaban bastante a raya.

—Y al final me hice el longuis. Al ser un examen de repaso no quería fastidiarles mucho el finde. Hablando de finde. Vega me ha dicho que mañana comemos en su casa y que si quieres puedes invitar a Natalia. ¿Le han dado el alta?

—Sí, se lo dieron a la par que a mi. Estaba bastante indignada porque debería haberse quedado un poco más y como no hay camas suficientes, para ellos está bien. Nos lo chivó una de las enfermeras simpáticas, pues arrea. Para su casa.

Es muy fuerte lo que ocurre en este país con la seguridad social de algunos hospitales. No tienen camas, pues te vas a tu casa y te las apañas como puedas.

—O…key… Pues comentaselo.

—Como la tengo que llamar cuando salgamos se lo digo.

Estábamos en comisaría y el cielo volvió a encapotarse presagiando que en cuanto llegase la noche llovería seguro. Esperaba no tardar mucho con Rafa, no quería estar en la calle o en el coche cuando empezase a llover.

—Hola Claudia, Julio. —Era Rafa que desde la puerta de uno de los despacho nos invitaba a pasar.

Una vez dentro prosiguió conmigo.

—Ante todo me alegra saber que estás bien. Según he visto como ha quedado tu coche, pensé en lo peor.

—Muchas gracias Rafa. Eso lo pensamos todos.

—Bueno, necesito que leas la declaración que hiciste la última vez. —Me dio dos hojas y me puse a leerla.

Leí como había sucedido todo esa noche, no recordaba nada más.

—¿Recuerdas algo más? ¿Viste algo extraño o sospechoso desde esa noche?

—La verdad es que no. He de decir que no he estado pendiente, entre el trabajo y los estudios no me he dado cuenta.

—Vale. —lo anotó en su libreta. —Te comento. Hemos estado mirando todo lo relacionado con tu accidente y la conclusión es que en un principio creímos que fue intencionado.

>>Indagamos un poco más y descubrimos que el vehículo tenía un problema y debería de haberse llevado antes al taller. Es decir, los frenos fallaron porque se deberían de haber cambiado. Hasta ahí es un típico accidente que se podría haber evitado. Pero lo que nos llamó la atención, fue que en la parte del copiloto hubiese una nota. La encontramos entre los cristales en el suelo.

Flipada. Así estaba por lo que me estaba diciendo. ¿Una nota?

—Pues me dejas con la palabra en la boca.

Miré a Julio y su cara expresaba lo mismo que la mía. Asombro.

—¿Se puede saber qué es lo que pone en la nota?—Preguntó Julio.

—Era una nota de despedida. No lo comprendimos. En un principio pensamos en un suicidio y lo descartamos en cuanto vimos que no era tu letra y el informe médico del hospital nos dijo que no habían indicios de ello en ti. ¿Tienes alguna idea de quien haya podido ser?— A la vez que me preguntaba me pasó una fotocopia de la supuesta nota.

Esto me está superando. No puedo más. Sé que cometí muchos errores, lo sé. No puedo seguir adelante. No sé qué me pasará, pero no quiero seguir viviendo. Si lees esta nota es muy probable que ya no esté aquí.

No podía creer lo que mis ojos veían. Era David. Y era una carta de despedida. No, no, no.

—Esa es la letra de David.

No me esperaba que Julio dijese algo.

—¿Quién es David?

—Mi ex.

—¿Sabes dónde podríamos encontrarlo? —Como comprobarás es una nota de suicidio y debemos de saber dónde está.

Negué con cuidado con la cabeza. Le di el número del móvil de David y Rafa nos dejo a Julio y a mi solos esperando en el despacho.

No tenía ni idea de donde encontrarlo, no podía entender qué hacía esa nota en mi coche y desde cuándo estaba allí y mucho menos me creía que David llegase al límite de querer suicidarse.

 

Capítulo 8: Variedad de sentimientos.

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