∞ Una vez más: Capítulo 6-No acepto un no ∞

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“¿Por qué contentarnos con vivir a rastras cuando sentimos el anhelo de volar?

Hellen Keller”

    

“¡Qué blanco que está todo, coñe!” Pensé mientras caminaba por algún lugar. No sabía exactamente dónde estaba, ya que todo lo que veía era blanco neutro. Sin muebles, sin personas, sin nada. “Auch, joder”. Empecé a sentir un hormigueo en la punta de los dedos de las manos y seguido un dolor insoportable que se instaló tanto en la mano izquierda, como en la derecha. Intenté mover los pies, sin embargo, no podía. Un espasmo de dolor me recorrió el cuello e involuntariamente mis manos fueron hacia esa zona, pero no logré moverlas, estaba inmóvil. “¿Qué me está pasando?” El dolor se expandía por todo mi cuerpo. Cada vez me dolía más y cerré los ojos por inercia, “¡Oh, mierda! No puedo abrirlos”. “¿Pero…?” Notaba a alguien enfrente de mí, no sabía quién era y me estaba poniendo nerviosa por momentos. Sentí algo que me presiona el pecho.

— ¿Por qué no despierta, papá? Han dicho que está bien, que es un milagro, pero que está bien y no entiendo por qué no lo hace. Ay mi niña, si la llega a pasar algo…

“¡Mamá!”Oí a mi madre a mi derecha.

Recuerdo la lluvia, cristales rotos por todo a mi alrededor, gris, negro. Tenía mucho frío.  “¡Batmanmia!” ¡¡El accidente!!

—Mamá, tranquila. Despertará cuando su cuerpo y su mente se sientan preparados. Ha sido un buen golpe el que se ha llevado. Démosle tiempo chata. Además nos han dicho que no tardará en hacerlo.

“¿Papá? Papá, estoy aquí. ¡Auch! Me duele todo. ¿Qué diantres está pasando? Abre los ojos pequeña C. Ábrelos.”

— ¡Oh dios mío! Ramón, está abriendo los ojos. ¡Por fin!

Después de que mi madre se pusiera histérica porque había despertado y avisara por ello, la doctora Gutiérrez me examinó. Tras comprobar que estaba bien dentro de lo que cabía, es decir, esguince cervical muy leve y heridas de los brazos, piernas y el costado producidas por los cristales, me ha mandado sesiones de rehabilitación además de un baja temporal en el trabajo de una semana de reposo. Todavía no se creen los médicos la suerte que he tenido, ya que ha sido tan aparatoso el accidente que el coche se ha quedado siniestro, según me ha contado mi padre.

 

De repente me vino la frase que me dijo la vampiresa muerta cuando apareció en mi sueño: “Ten cuidado, el gris y el negro se unirán y todo cambiará. Con el azul verás la luz”. Y lo último que vi antes de que se me cerrasen los ojos fue esos dos colores, gris y negro. ¡¿Donde leches está el azul?!

 

Miré a mi lado derecho al comprobar que era más grande de lo normal la habitación,  me di cuenta que no estaba sola. Había una chica más pequeña que yo, con la pierna izquierda escayolada y el brazo izquierdo en cabestrillo. Como nos encontrábamos solas ya que mi hermana volvía de uni y se había dejado las llaves, aproveché la ocasión y le pregunté cómo se llamaba. Comenzamos una conversación muy entretenida, me contó que se llamaba Natalia, que tenía veinte años, un padre muy trabajador, una madre ama de casa muy pesada pero cariñosa como ninguna, un conejito de indias muy mono llamado Cheese y Lukas con K, un hermano mayor que quiere que su nombre se escriba con k, el cual estudia como un loco para ser chef. También me confesó que por culpa de Cheese se tropezó y se calló por las escaleras lo que le provocó un esguince de tercer grado, una pequeña fisura en el codo y un buen golpe en la cabeza. Pero todavía seguía ingresada ya que estaba esperando a que la hiciesen una prueba. Después de contarme su vida y sin poder interrumpirla porque no paraba de hablar, nos interrumpieron para traernos la comida y las medicinas que nos tocaban.

La doctora Gutiérrez pasó y me dijo que me quedaba esa noche como prevención, Natalia también se quedaba así que decidimos pagar para ver la tele, no lograba entender por qué teníamos que pagar por verla, pero era así. Todavía no habían vuelto mis padres ni los de Natalia y viendo que era la hora de la siesta me acurruque como pude pese al dolor y me quedé dormida. Me encontraba en el quinto sueño cuando de repente oí la música de un anuncio y desperté de golpe.

—¿Pero que mierda de música es esa? Dios, que susto me he dado.—Dije somnolienta.

—Lo siento Claudia, no pensaba que estuviera tan alta la tele.

—No es tu culpa, la maldita tele siempre igual— fijé mi vista en la pantalla y me di cuenta que era un maldito anuncio de detergente. ¡Qué vitalidad! Si el poder de lavado fuese igual que la energía que gastaba el anuncio, seguro que será lo más de lo más, he aquí mi sarcasmo—. Lo que me jode de los anuncios, es que cada vez que los ponen, suben el volumen una barbaridad. La madre que les parió.

Natalia soltó una carcajada negando con la cabeza. Me senté en la cama con la sonrisa en los labios y viendo que no me iba a dormir, cogí el mando de la mesita que separaba las camas para elevar un poco la parte del cabecero y así estar más cómoda. Al alcanzarlo no creía lo que veía, al lado de éste, estaban unas maravillosas Rayban negras con los cristales tintados en azul. Esas gafas de sol, eran las que llevaba tiempo queriéndome comprar.

— ¿Son tuyas las gafas? —Pregunté emocionada a Natalia.

—No, son de mi hermano Lukas. — Me miró sorprendida y con rapidez cogió su móvil y trasteo con él—. Menos mal que te has dado cuenta. Le va a dar un síncope cuando se dé cuenta de que no las lleva. Seguro que no tardará en venir a por ellas. El caso es que vino fugaz a traerme los apuntes de la uni hace una hora, mientras tú dormías. Es muy raro que se las haya dejado. Últimamente va muy loco entre los exámenes y las pruebas.

— Pobre, pues se va a llevar un buen susto. ¿Tan importante son para él? —”Pero que maruja soy, por dios”. Me recordaba a Lola, la vecina de mi madre.

—Con lo que le costó encontrarlas, imagino que si.

Le llegó un mensaje y lo leyó en voz alta:

Estoy entrando en clase y después tengo una prueba en el restaurante que te dije. Cuando salga me paso y espero no tener que volver a pelearme con el celador para que me deje pasar. Nos vemos luego enana. ¡Cómo odio que me llame así! Luego vendrá.

No le dio tiempo a decir nada más, alguien entró tras llamar con rapidez.

—¿Se puede? Madre mía Claudia, ya era hora de que te despertaras. Nos tenias super preocupados. Nos has dado un susto de muerte—Era Vega medio chillando y con el dedo índice en alto apuntando en mi dirección. Con la otra mano sujetaba una caja mediana de color crema.

—Hola a ti también. —la respondí mientras me daba dos besos, los cuales hicieron que me quejase de dolor.

—Lo siento, lo siento.— Dejó la caja al lado de mis pies. Me agarró las manos y las apretó.— De verdad que lo siento. Tenía muchas ganas de ver que estabas bien y me he dejado llevar por la emoción.

—Tranquila. Ya está, ya estoy mejor. Muchas gracias por venir cuchi. ¿Oye y Julio? Últimamente os veo muy juntos y pensé…

—Nada de gracias pitufina, ¡¿Eh?! Ahora viene, está hablando por teléfono— Los colores se le instalaron en los mofletes y con su gran maestría para cambiar de conversación desvía la mirada hacía Natalia y la saluda. — Hola, soy Vega. Cualquier cosa que necesites dímelo e intentaré hacer todo lo que esté en mi mano. —Esa era Vega, una mujer siempre pendiente de todo y de todos, pero que sabe cómo escaquearse de situaciones que no le convienen.

—Natalia, y no te preocupes, ya tengo a la pesada de mi madre todo el día encima, preguntándome si necesito algo. Pero gracias de todos modos.

Todas nos reímos.

Vega cogió la caja que estaba en mis pies y me enseñó su contenido.

—He traído las cupcakes que tanto te gustan.

—Oh, cuchi, no tendrías que haberte molestado.

—Tonterías.

Me fijé bien y había media docena de cupcakes con una mezcla deliciosa de fresa; mi favorita. Cogí una y se la ofrecí a Natalia, aunque protestó porque engordaban, no pudo resistirse y la cogió. Estando con el último bocado Vega empezó hablar de nuevo.

—Y ¿se puede saber qué leches estabas haciendo en la carretera, si te habíamos dejado en casa antes, sana y salva?

—Vino Hugo con mi libro de empresariales. Llegó calaito de agua de lo que llovía. Le vi muy cabizbajo y le pregunté. Me contó que había discutido con Eduardo y como comprenderás, no le iba a dejar que se fuera con la que estaba cayendo.

—Tendrías que habernos llamado a Julio o a mi y hubiésemos ido. La próxima vez nos avisas.Todavía tienes algo de ojeras. —me señala con delicadeza — debes de descansar, menos mal que tienes unos días de reposo. Cuando salgas de aquí, más te vale hacerlo. Te voy a dejar la crema antiojeras, pero dejar no quedartela. — Me reí porque sabía a qué se refería. Una vez me quedé con su camiseta después de que la mía se manchara de salsa de tomate. La suya todavía está en mi armario. — Por cierto, que sepas que Rafa está esperando a que salgas de aquí.

—¿Por qué?—Pregunté extrañada.

—Nos ha comentado que los de criminalística han visto algo extraño en el coche, así que en cuanto te den el alta tienes que ir a comisaría, él te lo explicará.

>> Sé que te estarás preguntando cómo sé esto. Pues Bien, esta mañana me ha llamado Aitor, y me ha contando que todavía están comprobando algunas pruebas de ADN que recogieron en mi casa, creen que ya tienen al sospechosos. Me dijo también, que fuese a comisaría, que Rafa quería comentarme algo sobre el caso y que tenías que volver a prestar declaración. No me comentó nada de tu accidente hasta que en comisaría, Rafa nos lo contó. La verdad Claudia, algo han tenido que ver en tu accidente para que Aitor sepa de él. Después de que Rafa nos dijese que dos de los detenidos de la fiesta están esperando para ser sentenciados porque las primeras pruebas dan que son ellos los culpables. — Se lleva la mano a una mano a la frente y chasca la lengua haciéndome entender que se le ha olvidado contarme algo—. ¿Te conté que la vampiresa la mataron envenenada?—Negué — Le dieron algún tipo de droga que tras ingerirla hizo que el sistema nervioso no funcionase ante cualquier reacción externa o interna. Así no tenía ningún signo en el cuerpo de cualquier alteración.

>> Por eso tanto Aitor como su compañero, no detectaron nada extraño en ella al verla. Lo que no entendemos es el cómo acabó en mi casa. Bueno sí y no, según Rafa alguien dejó la puerta abierta y ella entró para seguir con la fiesta, pero por lo que pasó, su fiesta se acabó para siempre. Me da mucha pena que una chica tan joven haya muerto. Tenía diecinueve, Claudia, ¿Te lo puedes creer? Sé que Jaime, mi vecino se junta muchas veces con gente que da un poquito que pensar. Total, que Rafa nos ha dicho que en cuanto puedas y te encuentres mejor, que vayas.

—En cuanto me den el alta, iré. Lo más seguro es que vaya mañana. Y sí, la verdad es que me da mucha pena, no es que seamos vejestorios, pero no llego a comprender cómo algunos se joden la vida con las drogas y otros llegan a matarse.

—Espera, espera, que ahí, no queda la cosa. Entonces llamamos a Inés para saber en qué hospital estabas, y… ¿A qué no sabes a quien nos hemos encontramos preguntando por ti, en el mostrador de recepción cuando llegamos?— Volví a negar— . A David.— No sé de qué manera he mirado, que se le instaló una sonrisa malévola. Para colmo, vi a Natalia removerse y tensarse al ver nuestras reacciones.— Si Claudia, y encima salió a relucir ese lado de hermano mayor que tiene Julio y se puso hecho una furia con él. De repente, no sabía quién de los dos era peor. Solo veía puñetazos y patadas. Un chico que estaba por allí y varios celadores intervinieron, madre mía la que se lió en un momento. Pero nada, hasta que no vinieron los de seguridad, no pudieron separarlos. Encima nos echaron, y para no armar más galeo, esperamos al cambio de la tarde para venir. Y tranquila que Julio está bien. Solo que la camisa que llevaba ha pasado a mejor vida.— No podía creer todo lo que me contaba—. Por cierto ¿Ha llegado a subir?

—No

—Mejor, porque es que estaba un tanto raro, creo que estaba bebido o drogado. No tenía buen aspecto. No le ha sentado nada bien el rechazo de la última vez.—Termina de contarme Vega.

—¿Estáis hablando de tu ex?— Preguntó Natalia

—Sí.

—Que se joda.— Sentencia —Por lo que veo te ha tocado el ex pesado, te aconsejo que busques otra alternativa para espantarlo, y se olvide de ti de una vez. — comentó Natalia.

—¿Tienes alguna idea?— Le pregunté.

—Pues creo que sí, puedo decirle a mi hermano Lukas que le parta la cara. Aunque antes de hacer nada de lo que nos arrepintamos, déjame pensar un poco más y ya te diré algo cuando tenga un poco más claro el plan.

—Me gusta esta chica.—Dijo Vega con una sonrisa de lado a lado, mientras se levantaba para dejar la caja de las cupcakes en la mesa.

Me puse a pensar en todo, en el accidente, en Hugo, en el trabajo, en Julio, en David… Aproveché que Vega ya no estaba sentada para levantar la sábana y colocarla, pero ésta salió volando hacia mis pies.

—No te escondas peque. Que lo hice con mucho gusto.

—¡Juliooo!— No le he oído entrar y me da dos besos con mucho más cuidado que Vega. En sus ojos vi un brillo de alegría.

—Vaya sustos nos has dado.

—Lo siento, de verdad. —me sonrojé hasta parecer un tomate.

—Lo primero de todo. ¿Cómo estás?

—Bien, la doctora me ha dicho que tengo un esguince cervical leve. Tengo que tener reposo y hacer rehabilitación. Pero que lo más seguro es que mañana me den el alta. ¿Y tú?

—Cuanto me alegro. Bien ¿Por?

—¿Por la pelea de hermano mayor?— Pregunté con con un tinte de ironía.

—Bien también, le di lo que hace tiempo tenía guardado. Menos mal que estaba conmigo Vega, ella fue la que me calmó porque si hubiese sido por mi, seguro que estaría en otra habitación aquí.— Miró a Vega y se la comió con los ojos. Yo sonreí y di también gracias por que ella estuviese a su lado. Vega se puso roja y al igual que esta antes, se vuelve hacia mí como si nada y cambió de conversación. — ¿Te ha dicho Vega lo que nos ha comentado Rafa? Yo no sé qué pensar con lo del coche, esto ya se está pasando de castaño oscuro y no me gusta nada. ¿Notaste algo raro al conducir?

—No, no noté nada raro.

Hubo el típico silencio en el que se dice que ha pasado un ángel. Julio se levantó para sentarse en la silla que estaba al lado de la cama y de Vega.

—Por cierto, Hugo, Eduardo, Montse, Sara, Javier, Alejandra, y varios más que no me acuerdo, me han dado recuerdos para ti y que te mejores. Hugo y Eduardo se pasarán si no hoy, mañana.— Habló Vega rompiendo el incómodo silencio.

—Dale las gracias a todos y diles que muy pronto estaré de vuelta dando guerra.

—Lo diré. ¡Ah! Y se me olvidaba decirte. Cuando venga Hugo te traerá los apuntes de ayer.

—Por fi, mandale un mensaje y dile que no se preocupe, que cuando esté en casa mañana le mando un mensaje para que se pase por allí. Y que no se preocupe más.

—Vale. Voy.

Antes de que se fuesen, también me comentaron que Nani no podía acercarse, tenían que trabajar en varias fiestas y eventos a los que asistir y que acabaría a las tantas. Espero que no curre mucho, lavar, peinar y maquillar es muy estresante y agotador. Esperaba verla mañana. Julio me dijo que no me preocupase ni por David ni por el accidente y que me iba a acompañar a comisaría para que no fuese sola. No me dejó contestar, me dio un beso en la mejilla y se fueron.

La doctora Gutiérrez me hizo un par de pruebas esa tarde al igual que a Natalia. Antes de cenar volvió a pasar la doctora para decirnos a las dos que estaba todo bien. Mañana nos darían el alta a primera hora. Llamé a mi hermana ya que mis padres no me cogían el teléfono y le dije que no se preocupasen que esta noche me quedaba, le comenté todo lo que la doctora me dijo y que mañana viniesen a buscarme mi padre.

 

Llevábamos un rato hablando, Natalia se encontraba super emocionada ya que en unos día se compraría un videojuego nuevo de Assassin’s Creed, cuando la puerta se abrió.

—Hola enana. ¿Dónde están? Me ha dicho mamá que va a llegar más tarde porque tiene que llevar a papá al trabajo.

Se quedó callado y se detuvo en mitad de la habitación, no miraba a su hermana, si no a mí, su mirada marrón como el más delicioso chocolate puro. Me derretí, noté como mi boca se medio abrió y sentí como la garganta se me secaba. ¡BATMANMIA! ¡Qué bueno estaba el tal Lukas! Menudo morenazo.

—Toma, están aquí. — Cogió las gafas de sol de la mesa y esperó con la mano alzada a que su hermano se acercase.

Entonces fue cuando reaccionó y llegó hasta su hermana.

—¿Cómo vas?— Dijo y abrió un estuche para guardarlas.¿De donde lo había sacado? Se pasó las manos por el pelo y se sentó en el borde de la cama de Natalia dando un sonoro suspiro.

—Bien, me duele la pierna y el codo, pero la cabeza ya no, los calmantes ayudan mucho.

—Cuanto me alegro. — le dio un beso en la frente.— Te tienes que recuperar pronto, necesito a mi ayudante cuanto antes y la verdad es que Miguel no ayuda nada, y Alba ya ni te cuento, parecen patos mareados en la cocina.

—Normal, a ver a quien se le ocurre meterse en el piso de esos dos.

—Ya.— Dijo cabizbajo.

—Mira que te lo dije. —Se quedaron callados unos segundos — Por cierto, te quiero presentar a Claudia.— Natalia me señaló y Lukas se dio la vuelta. Mis colores subieron como la espuma y sentí mucho calor de golpe por todo el cuerpo, de repente el poco dolor que tenía, se esfumó.

—Hola— Salió un hilo de voz de entre mis labios.

— Hola— Me contestó con una preciosa sonrisa ladeada.

— Bueno enana, me voy. Cualquier cosa que necesites llamame y me acerco.

—Ok. Mañana me dan el alta y no sé si mamá va a poder venir, esta antes me ha dicho que el gilipollas de su jefe no la deja cambiar el turno y trabaja todo el día. Podrías llevarme.

No podía evitar escuchar y menos después de saber eso.

— Natalia, si a tu hermano no le importa, mi padre viene a por mi, si quieres te podemos acercar nosotros. Y no acepto un no.—Instalé una de mis mejores sonrisas para que no se pudiese negar.

Su hermano me miró con cara de pocos amigos, aún con el ceño fruncido era guapísimo, pero creí ver un poco de duda en su mirada.

—Pues por mi no hay problema.— Me contestó Natalia.

—¿De verdad que no te importa que te lleve ella?— La miró sin comprender esa confianza hacia mi.

— Nop.

— Pues genial,— Volvió a suspirar—  porque tengo otra prueba mañana a las once y no se si me daría tiempo.

—¿Has pasado la de esta tarde? Si es que eres el mejor.

— Sí, me ha costado lo mio, pero el cocinero se ha quedado muy sorprendido con mi plato, dice que es muy innovador y quiere probar otro. Lo malo es que ha pasado dos más.— Dijo tras levantarse de la cama y colocarse bien la chaqueta.

— Ya veras como si. Además, que te tienen que contratar para que tenga un restaurante al que ir y fardar de hermano chef.

— En cuanto salga te lo digo. Bueno, Claudia encantado y muchas gracia por llevar a mi hermana. — Le dio un beso a su hermana.

—De nada.— no podía dejar de mirarlo mientras veía cómo se iba.

Cerró la puerta y Natalia me asustó al hablar un poco más alto de lo normal..

—Wuaaaalaaa. ¿Te doy mi sabana para secarte el charco que se está formando a tu alrededor?

—¿Qué?

— Como dice Enrique Pastor en La que se avecina, “aquí hay tema, pero vamos”.

— Cuando esté sin este dolor de cuello, recuerdame que te dé una colleja. ¿Ok?

 

Las carcajadas de las dos no se hicieron esperar. Tenía que ser positiva con la situación, una vez me diesen el alta tendré que resolver muchos asuntos, la universidad, el trabajo, mi vida… Tenía que coger fuerza para la que se me venía encima y qué mejor manera de hacerlo que riendo, y más después de que casi he podido morir.

 

Capítulo 7: Collarín, un segurata de la uni y nuevas noticias.

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