Relato erótico +18: Dom.

slave-girl-bound-with-ropeEstaba en la habitación asignada de un club privado. Llevaba un tiempo harta de que todos los tíos quisieran “algo más”. No era de las que quieren relaciones normales, sino más bien de otra forma, por ello quería probar el otro lado, ese en el que siempre están los que caen a mis pies…
El tacto en mis rodillas era cómodo, delicado y suave, aunque mis fuerzas decían todo lo contrario. Mis muñecas, situadas a mi espalda, estaban sujetas entre sí con una cuerda delgada al igual que en mis tobillos y otra, con doble vuelta a mi cadera. La cuerda juntaba mis tobillos pero mis rodillas se separaba  lo suficiente dejando las piernas abiertas a su merced. Un sedoso antifaz de terciopelo me dejaba en la oscuridad. De fondo sonaba música jazz, sentía cada nota del saxo acariciando toda mi piel, al igual que sus dedos seguían aquel compás. En un crescendo del saxo, mi cuerpo acompañó  la nota, elevándose después de tocar mi punto sensible en el costado. Esto produjo contracciones placenteras en mi sexo. Sus dedos fueron ansiosos y se desplazaron a esa zona recogiendo las hebras de lubricación, allá por donde pasaba ardía su toque. Necesitaba que esto terminase…, necesitaba caer de todas las formas posibles y por inercia comencé a balancearme hacia adelante, siendo interrumpida por un suave tirón hacia atrás, retornándome a mi sitio inicial, no creía que fuese tan duro este lado.

Me tenía inmovilizada como él quería, como yo lo hubiera hecho. Una lágrima traicionera e involuntaria cayó por mi mejilla. No aguantaba más, mi cuerpo tenía un límite, él y sus palabras autoritarias, más sus caricias…, lo estaban traspasando. Su dedo se desplazaba por el camino que había hecho mi lágrima secándolo a su paso. Sentí su calor por mi costado. De repente su dedo me rozó el cuello y yo me perdí en el placer… Estaba muy sensible a esas alturas. En la habitación cada vez hacía más calor y sudaba más. Un jadeo alto brotó de mi garganta,

—Por favor —susurraba mirándolo excitada.

—¿Qué? —respondió serio haciendo notar mi imprudencia.

—Por favor… “Señor” —le dije en un hilo de voz, sabiendo que me iba a castigar muy duro por olvidar que era sumisa.

Volvió a empezar el recorrido. Solté todo el aire que tenía retenido e intenté no decir nada más. Con la boca medio abierta noté que echó a un lado mi flequillo llevando la mano sin prisas y con tranquilidad hasta la coleta. De golpe sentí un tirón, gruñí, pero no de dolor, con una mano siguió tirando de la coleta mientras que con la otra, deslizaba sus dedos por mi cuello pasando sensualmente por mi mentón, mordiéndome en la nuez dejándome su caliente aliento, me estremecí y me provocó un escalofrío por todo el cuerpo. Gemí y me retorcí como una gata en celo.

—Quieta —susurró en mi oído con una voz ronca.

—¡ZAS! —un golpe seco con una fusta de cuero me dio justo en el centro de mi sexo.

—¡ZAS! —otro más…

—¡Cuenta, maldita sea!  Desde el principio, que sepas que he añadido cinco varazos más por no contar. —¡ZAS! —me ordenaba sin clemencia mientras me azotaba haciéndome gozar cada vez más.

Uno —comencé a contar mientras me desvanecía al pasar los diez, pero aún así, continué obedeciendo.

—¡ZAS! —treinta y cinco varazos soporté, en cada uno de ellos mis labios vaginales se iban tiñendo más de rojo, y mi vientre aclamaba un muy esperado orgasmo.

Estaba aturdida de tanto placer acumulado, sin previo aviso me dio otro varazo. Un último y definitivo varazo seco y fuerte, mi garganta actuó antes que mi cerebro y di un grito ahogado. Lo sentí detrás de mí, situando sus dedos alrededor de mi cuello mientras que acomodaba la otra mano en mi abdomen para así aprisionar mi cuerpo contra el suyo. Me mordió el lóbulo y jadeando me dejé caer hacia su cuerpo, apreciando como su mano se deslizaba por mi pecho agarrando el pezón y estrujándolo hasta llegar al dolor.

—No te corras —sentenció, mientras que con la mano libre cogió el otro pezón y lo estrujó por igual, teniendo las dos manos en mis pechos tiró de los pezones a la vez, provocando que otra bola de fuego se instalase en mi vientre. De repente se separó, y volvió para ponerles una pinza a cada pezón dejándolos hipersensibles, gruñí por ello, sus manos surcaron mis nalgas adentrándose entre ellas.

—Respira y no te corras o ya sabes lo que te pasará —me exigió demandante. Distinguiendo mi respiración errática, serpenteé con mi espalda notando su potente erección, un gruñido salió de su pecho, lo repetí varías veces y con fuerza me presionó su cadera a mis nalgas, ayudándose de las ataduras de mis muñecas se agarró para comenzar un zarandeo. Cada vez su miembro se resbalaba más gracias a mis fluidos, queriéndose adentrar entre mis labios inferiores. Estaba cayendo su poder de autoridad, sabía los puntos débiles del Señor Torné y ese, era uno de ellos.

—Para de moverte —me dijo excitado, no podía creer que fuese a disfrutar tanto siendo sumisa.

Se alejó de mi espalda y de mí por completo, advertí movimientos en 1925186_612925045452571_999744356_nalguna parte de la habitación. Oí sus pasos de vuelta, me quitó las pinzas y me desató pero sin quitarme el antifaz. Caí boca abajo sobre la cama, retorciéndome. Masajeó mis muñecas y tobillos, sin embargo, se alejó otra vez. Cuando vino, me cogió de ambos brazos y me colocó en cuestión de segundos tumbada boca arriba.

Me recorrió con las manos los pechos ya muy sensibles, continuando por los lados y llegando hasta los pies, donde me retorcí, gimoteé y clamé por más. Las desplazó por el interior de las piernas hacia mi vértice, donde sus dedos rozaron levemente mis labios vaginales, siguió con el recorrido hasta las muñecas, las cuales volvió a atar contra el cabecero, me quitó el antifaz y separándome las piernas se posicionó entre ellas para que su glande juegue con mis sensibles labios. Sin esperar más, embistió con dos movimientos y entró en mí como un huracán.

—No apartes tus ojos de los míos. —Inició un balanceo certero, duro y fuerte. Quería correrme pero no podía hasta que él me lo ordenase, aunque veía lo evidente. Comencé a notar como su miembro crecía aún más por momentos en mi interior. Sentía que hoy no iba a ser mi día de suerte… Y no, no fue así, en la cuarta embestida se quedó quieto y con un último empujón derramó toda su esencia en mi interior.

Esa noche tuve que llamar a mi esclavo particular, necesitaba saciarme y desquitarme de tal amo que me privó de lo que, para mí, era una necesidad. Pero esa, es otra historia.

 

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Publicado tambie en: Relatos hot de mentes perversas: Dom. Lily Tempeltom.

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