Relato erótico +18: Vaho en las ventanas

Vaho chicaAllí en la penumbra, sentada junto a la ventana, estaba ella, mirando hacia el encapotado cielo. Ese cielo que había recogido cada molécula de agua y polvo. Ahora, estaba descargando todo ello sobre la ciudad. Sobre nosotros.

Una luz reflejó unos instantes su figura que por culpa del susto se levantó en el mismo instante que se iluminó el cielo y quedándose de pie observó desde los ventanales la calle. Emprendí mis pasos acercándome despacio sin hacer el mínimo ruido, intentando que mis desnudas pisadas no me delatasen, ella siguió observando los ventanales como si nada hubiese pasado.

—Manuel, al final me tendré que quedar a dormir otra vez. El agua llega ya a los portales y… ¡Madre mía! Mira ese pobre hombre… Ven, corre, no puede con el paragüas, se le escapa de las manos. ¡Aaaahhh! — Una luz volvió a iluminar la sala y gritó por ello.

— ¿A ti, no te asustan?— Me preguntó con ternura sin dejar de ver la calle y sin darse cuenta de que me iba acercando a ella quedando a escasos pasos, mientras. Con mi camiseta como su segunda piel, la agarré de la parte inferior de esta pegándola más a su divino cuerpo, dejándome adivinar el regalo que me aguardaba.

—No. — Respondí en su cuello con un susurro firme, dejando mi aliento caliente en ella, provocando a su vez un escalofrío junto con su risa nerviosa en el camino. —A mí, me pone observar la tormenta detrás de las ventanas de mi casa, teniéndote así junto a mí,… necesitada de mi calor para sentirte segura. No, cielo, a mi no me asustan las tormentas, a mi… — comencé a besarla el cuello y sujeté su cadera para que no se moviese. Dejé de besarla y me dirigí a su oído —…me gusta contemplar que ahí fuera, se están mojando y aquí…—guié mi mano a su intimidad deleitándome de su carne tierna—… también. —último lo dije ronco de excitación, casi en un suspiro. Abordé con mis labios su lóbulo susurrado llevando mi otra mano en dirección a su sexo, pero apreciando la piel a su paso, disfrutando de tan magnífica experiencia. Sentí en la punta de mis dedos el nacimiento de vello rasurado y con suavidad desplacé su ropa interior, dejándola a un lado de mi mano, ayudándome con la otra mano pasé mis dedos entre sus labios, mientras que con el dedo de la otra ejercí la presión justa para notar sus pulsaciones, llegando así a su intimidad resbaladiza, donde con lentitud se introdujo hasta que aprecié un tope en la palma de mi mano. Sentí una contracción y un hilo de lubricación resbalar por mi mano, verificando lo verdaderas que eran mis palabras.

Ella se arqueó pegando su cuello en mi hombro, mi dedo inició su balanceo afuera y adentro, mientras ella tornó su cabeza a la ventana entrando en trance, observando la lluvia torrencial sin ser vista realmente pero que había comenzado de nuevo. Otro destello, sin embargo esta vez el sonido fue instantáneo rompiéndose en un prominente y duro rugido, vibraron las ventanas a su paso, un gemido de placer hizo finalizar el trueno tras otro arqueo de espalda y otro apretón en mi dedo. Apenas llegué a mover el dedo en su interior, cuando empecé a notar esos deliciosos espasmos seguidos. La observe dándome cuenta de que tenía los ojos cerrados y la boca abierta, reanudé mi balanceo para que llegara a ese aclamado orgasmo que tanto quería, introducí otro dedo queriéndola dar más placer, procedí a mover mis dedos en círculos a la vez que seguía con el vaivén, su cuerpo se pegó mas al mío, se retorcía, gemía cual gata en celo.

Sonidos delirantes se escuchaban y que se unían de nuevo con los de afuera. Ella, sumergida en tan apoteósico placer que ni se daba cuenta de ello, estaba alcanzando su ansioso final.

Dejé de sujetar sus labios y sin separarme de su piel, fui desplazando mi mano por su costado hacia arriba, llegando al comienzo de su pecho y me afané con pasión a él. Mis yemas estaban anhelantes por tener entre ellas a su rosado y erguido pezón.

— Te dan miedo las tormentas. ¿No? — La pregunté y ella solo consiguió asentir con la cabeza pegando su cuerpo más al mío, — Pues, voy a hacer que dejes de pensar en ella y solo pienses en las estrellas que hay detrás de esas nubes… quiero que llegues a tocarlas. —Le dije añadiendo un tercer dedo y notando como todas sus entrañas explotaban. —Esto solo acaba de empezar…sexo-exhibicionista-ventana-0

 

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Publicado también en: Relatos hot de mentes perversas: Vaho en las ventanas. Lily Tempeltom.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Zoe Ruiz dice:

    Fascinante relato Lily, de una sensualidad plena y delicada a la vez…la lluvia es sin duda, el componente perfecto.
    Te felicito, logras un efecto mágico y pleno en muchos sentidos.

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    1. Me alegra que te haya llegado tanto. La lluvia es el componente clave, jejej.
      Un besazo y gracias por pasarte, Zoe.

      Le gusta a 1 persona

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