Una vez más: Capítulo 5: ¡Hey, beby! ¡Buu! (Parte2)

“Largo y escabroso es el camino que del infierno conduce a la luz.”De la película: Seven

Blanca-Suarez---Vogue-Spain-2013--15

Relajada bajo el agua de la ducha tras un estresante día de estudios y trabajo, dudé en si ponerme mascarilla o no para el pelo, nunca lo hago pero llevaba unos días que necesitaba hidratarlo. Del pegote que vi en el bote, que no sabía desde cuando estaba eso ahí en la estantería de la ducha, espera un momento, ah sí, era de David, él y sus cremas, mamón. Decidí no echármelo por el aspecto asqueroso que tenía y lo lancé por encima de la cortina de la ducha aterrizando en el suelo con un golpe en seco. Me puse en tensión tras escuchar el sonido, desde la fiesta de Halloween de Vega no he logrado descansar muy bien que digamos, casi todas las noches tengo la misma pesadilla, veo a la vampiresa con la misma cara pálida de cuando estaba tendida en el suelo, se acerca con sigilo hasta mi con un aire gélido y sólo me dice una frase: “Ten cuidado, el gris y el negro se unirán y todo cambiará. Con el azul verás la luz”. Desde entonces y como comprenderéis, no he conseguido pegar ojo y si añado que llevaba tres semanas seguidas de exámenes y trabajo, pues no es que esté muy centrada que digamos, por eso últimamente me asusto con más facilidad.
Me aclaré el pelo y me mantuve unos segundos más disfrutando del calor del agua con los ojos cerrados. Y los recuerdos de la dichosa fiesta vinieron solos.

Vi cómo Vega y Julio entraron a por la sábana para tapar a la “vampiresa”.
Minutos después Rafa, el inspector de policía, que por cierto estaba para tomar pan y mojar, aunque demasiado imbécil para mi gusto, llegó junto a un grupo de compañeros vestidos de paisano. La fiesta por supuesto, llegó a su fin en cuanto empezaron los interrogatorios. Al haber tomado declaración en el loft no tuvimos que ir a comisaría, menos mal. Un grupo de policías de paisanos; varios hombres y mujeres, dijeron que venían del piso de abajo y que habían detenido a varios individuos sospechosos, lo supe porque estaba al lado de Rafa y la verdad, cotilleé como Lola, la maruja de la vecina de mis padres. El forense y el juez dieron la orden para el levantamiento del cadáver y se lo llevaron, no le deseo a nadie estar en esa situación, no me gustó el escalofrío que me dio justo cuando pasó por mi lado la camilla. Fue entonces cuando el mega salón comenzó a despejarse. En esos momentos estaba junto a Vega, aunque ésta tenía a Julio pegado a ella como una lapa a su lado y aguantaba los lagrimones que echaba ésta por el shock de lo que estaba ocurriendo en su casa.

Pasó un buen rato y nos encontrábamos sentados en los taburetes de la gran barra que separaba la cocina del salón, nuestras cabezas parecían las mismas que las de los asistentes de un partido de tenis, veíamos cómo los policías que quedaban iban de aquí para allá.

El chico de la barba de unos días cuyo nombre todavía no sabía, acompañado de Rafa, nos dijo que se iban y que se pondrían en contacto con nosotros si llegasen a necesitar algún detalle más. En ese momento miré el reloj y vi que eran las cinco de la mañana. ¡Batmanmia! ¡Qué tarde! Salté del taburete y empecé a recoger los vasos y demás cosas. No podía estar más ahí quieta y sin moverme.
Nos quedamos unos cuantos a ayudar a Vega, aunque las fuerzas comenzaban a fallar, el cansancio y el alcohol estaban saliendo a flote. Julio, Nani y un tal Jaime; amigo de Vega recogieron los vasos de la cocina y Miguel, Lola, Eduardo y Hugo, el resto del loft. Vega y yo salimos al balcón por si había algo que recoger. Era curioso vernos con los disfraces de los años veinte todo ensangrentados y con las caras de zombi, tanto pintadas como desmejoradas por el paso de la noche. Digno de vernos.

—Todavía no me creo lo que ha pasado. —Me dijo Vega mirando al cielo y sonándose la nariz con un pañuelo.
—Sí. La verdad es que yo tampoco, además de que no parecía que estuviese muerta la chica. — Contesté.
—Han dicho que le van a practicar la autopsia, que no tenían muy claro el porqué de su muerte y menos mal que estaba Aitor, porque gracias a él no estamos todavía esperando a que venga la poli.
— ¿Aitor?
—Sí, el chico con la barba de unos días, el que iba con el cuello ensangrentado. El detective privado.
—Pues sí. —Nos quedamos calladas —La verdad Vega, es que tienes amigos de todas las clases.
— Normal corazón, si tienes a una familia que tiene amigos hasta el infierno. Además el padre de Aitor es muy amigo de mi padre y él y yo nos criamos juntos hasta que en el instituto cambiamos de grupos y nos separamos.
— ¡Ah!
Nos quedamos en silencio mirando las terrazas y los ventanales de cristales de los edificios cuando volvió a hablar Vega.
— ¿Quieres un cigarrillo?
—Por ser hoy y ser tú y después de lo que ha pasado; sí, por favor.
Sacó el paquete de tabaco del escote y me ofreció uno. Después de un año sin fumar, hoy, lo necesitaba. Le di una profunda calada y ambas nos volvimos a sumergir en el silencio y la oscuridad de esa noche. >>

El sonido del móvil captó mi atención, era Vega, que en diez minutos me recogían, teníamos que ir Julio, ella y yo a comisaría a firmar unos papeles y a no sé qué, eso fue lo que me dijo ella tras recibir una llamada de su abogado ayer.

En estas fechas en Madrid la lluvia es nuestra compañera. Esa noche, el cielo se cernía muy oscuro y no paraba de llover.

— ¿Has estudiado para el examen que me dijiste? —Me dijo Vega dándose la vuelta en el asiento del copiloto en el coche.
—Sí, llevo tres días que no soy persona, sólo números y letras y cafés, pero no por los que me tomo sino, por los que he estado sirviendo. Como se nota que estamos en época de exámenes.
—Mis alumnos están igual que tú, llevan una semana sin parar de estudiar.
—Julio tu no opines porque te muerdo la yugular, ahora mismo estoy de los profesores hasta…
—Bueno, bueno, tengamos la fiesta en paz— Interrumpió Vega riéndose.
—Es broma Julio, si sabes que te quiero con tooodooooo mi corazón. —Le dije con sarcasmo riéndome, le di un beso con cuidado de no molestarle mucho ya que él conducía y todos reímos.
—Ya, ya. Ya te pillaré. — Terminó diciendo haciéndose el ofendido.

Llegamos y estacionó cerca de la comisaría, como no queríamos mojarnos entramos corriendo.

Rafa nos atendió acompañado de otro oficial. Nos informó de que no había ninguna novedad en el caso y lo que teníamos que firmar era papeleo formal. Mientras que Vega y Julio hablaban con ellos yo me tuve que separar ya que Hugo, un amigo mío de la facultad, me mandó un mensaje al móvil.

#Hugo:
“Tengo tus apuntes de economía, te los has dejado en clase esta mañana y sé que los vas a necesitar, luego dices que porque suspendes, ains. ¿Qué hago? ¿Te los llevo o cuando te los doy?”
#Yo:
“En media hora estoy en mi casa. Pásate si puedes.”
#Hugo:
“Ok. Puedo. En media hora más o menos llego.”
#Yo:
“Ok”

Me reuní de nuevo con ellos y sin interrumpir la conversación.

—Ahora sólo queda esperar a que el juez de una sentencia.
—Gracias Rafa por todo. Ya sabes, cualquier cosa me llamas o llamas a mi abogado. Dijo Vega.
—Sí. No te preocupes.
—Bueno Vega, siento interrumpir, pero nos tenemos que ir. —Se metió Julio cortando la conversación.
—Es verdad, que vamos a llegar tarde. Bueno Rafa, gracias por todo.

Nos despedimos de él y del oficial y salimos de la comisaría.

— ¿Te dejo en tu casa, Claudia?— Preguntó Julio después de arrancar el coche.
—Sí. Viene Hugo a traerme los apuntes de economía que esta mañana me he dejado en clase.
—Si es que eres una cabecita loca Claudia, últimamente te veo muy despistada. —Se metió Vega en la conversación.
—Los exámenes me pueden. Solo necesito dormir y seguro que vuelvo a ser yo.
—Pues le das las gracias a Hugo cuando te los entregue y a la cama. — Me dijo Julio, como si fuese una niña pequeña.
—Sí.
Zanjé el tema, no quería hablar más, estaba exhausta, ni siquiera les pregunté por qué y adonde llegaban tarde. Últimamente están muy raros, muchas miraditas furtivas, no sé no sé, mañana les llamaré y les someteré al tercer grado a ver si les saco algo.
Viendo que aún quedaba camino, me acurruque en el asiento y me mantuve callada todo el trayecto absorta en las gotas de lluvia que veía deslizarse por el cristal y como se distorsionaban las luces de la farola a causa de ello.

Llevaba diez minutos en casa cuando el telefonillo sonó. Abrí la puerta y lo que me encontré no me gustó nada. Con los ojos rojos y con la cara abatida, cosa rara en Hugo que siendo lo loca que es no era normal. Se encontraba empapado y con los apuntes agarrados a su pecho dejando los nudillos blancos del esfuerzo.

—Pero Hugo, ¿Que te ha pasado? Anda pasa, no te quedes ahí que se me escapa el gato. Quítate el abrigo y ponlo en el radiador del salón.
— ¿Tienes un gato? —Me preguntó con un hilo de voz esperanzador.
— ¿Eh? No, es sólo un dicho refiriéndose a que no se vaya el calor.
—Es verdad. —Estaba abatido no, lo siguiente.
Pasó cabizbajo e hizo lo que le dije y se sentó en el sofá.
—De verdad Claudia, no salgas con nadie, es una mierda. —Se sinceró nada más sentarme a su lado.
—Antes de nada, voy a hacerme un cola cao calentito que quiero entrar en calor. ¿Quieres uno?
— ¿Un cola cao?
—Si ¿qué pasa?
—Nada, nada. —Por fin le vi sonreír desde que entró a casa— Si por favor, hazme uno que me va a venir muy bien.
—Pues vente a la cocina y así me vas contando que te ha pasado con Eduardo otra vez.

Mientras que las tazas con la leche daban vueltas en el plato del microondas, ambos nos sentamos en las sillas de la cocina y comenzó a relatarme que Eduardo, su novio, le había puesto el grito en el cielo porque estuvo una hora en la cafetería donde había quedado con él y no se había presentado, me dijo muy apenado que se le había olvidado por completo la cita. Al terminar de decirme eso empezó a llorar y se abrió a mí, me contó también que habían empezado a vivir juntos en un piso y según Hugo, había jodido las cosas pero bien. Llevaban dos semanas discutiendo y Hugo sabía que él no hacía lo correcto, al menos se había dado cuenta, aunque con eso no se solucionaba nada. Tenían cada uno un horario para repartirse las tareas de hogar y Hugo ni lo había cumplido ni había hecho nada, y el colmo fue cuando Eduardo tuvo que ir al trabajo con una camisa que tenía que haberse lavado antes, y el responsable de la colada de esa semana era Hugo.

—Ay Hugo, tienes que aprender a ser más responsable y así no tendrás tantas movidas con Eduardo.
—Ya, lo sé. Sólo es que me la ha montado tan grande que me he venido abajo. Es que impone tanto, que a veces no sé cómo reaccionar.
—Pues tendrás que sentarte y hablar con él.
— Pues sí, tienes razón. Tengo que hablar con él. Gracias Claudia por escucharme. Sé que soy un pesado. Bueno, me voy que no quiero molestarte más.
—Tranquilo que no me molestas, para eso están las amigas. ¿Vale?— Me acerqué y le di un abrazo y un beso en la mejilla. — Venga, ponte el abrigo y arreando que te llevo yo, que con la que está cayendo no te voy a dejar ir así a tu casa aunque vayas en el metro.
—Gracias chata.
El trayecto fue tranquilo y no había mucho tráfico pero aun así se me hizo eterno, me pesaba todo el cuerpo. Estacioné en su puerta y antes de salir me dio un beso en la frente.

—Gracias de nuevo corazón y ya sabes que cualquier cosa no tienes más que llamarme.
—Ok. Lo haré. Tenlo por seguro. Y si necesitas hablar otro día ya sabes, me lo dices y sin problema. —Le contesté.
—Hecho. Ahora ten cuidado que cada vez llueve más.
—Sí. Hasta mañana nena. —me despedí.
—Hasta mañana corazón.

Me sentía bastante cansada, demasiadas cosas hechas en un día, por eso no me puse la calefacción para ver si me espabilaba un poco. Conduje con precaución ya que cada vez la lluvia caía más fuerte. Salí a la M50 dirección San Sebastián de los Reyes. Enciendo el reproductor de música y sonó Paciente Cero, lo que me recordaba que tenía que recoger las entradas del concierto que daban en el Fnac la semana que viene. De repente me sentí mucho más cansada que antes, noté que mis brazos dejaron de tener fuerzas y solté el volante un instante, las luces se atenuaron igual que la música. Un ruido ensordecedor seguido de un fuerte golpe me dijo que esto no iba a acabar bien. Mi cuerpo se quedó flotando en el aire unos segundos y todo quedó en silencio. Abrí los ojos y solo veía dos colores, gris y negro. Empecé a notar el agua de la lluvia caer y fundirse con otro líquido más espeso que resbalaba por mi frente, miles de cristales hechos añicos se unían también a la lluvia cerca de mi cara. Un dolor inimaginable surcó por todo mi cuerpo. Logré enfocar la vista al exterior y fue cuando vi al revés las farolas de la carretera, intenté moverme pero no podía, poco a poco la luz fue menguando hasta sumergirme en una oscuridad absoluta.

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¡A elegir lectores!

1°opc. Que se despierte y no la pase nada.
2°opc. Que se despierte y no reconozca a nadie.
3°opc. Que se despierte y tenga alguna secuela.

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5 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Anónimo dice:

    Pero no nos dejes así, ¿que pasó en la fiesta?, ¿Y que pasa despues del accidente?, que ansia.
    1a opción.

    Le gusta a 1 persona

    1. Todo llega a su debido tiempo, paciencia.
      Abrazos.

      Me gusta

  2. Azu Rebollo dice:

    Siempre nos dejas con ansiedad de saber más. La 1 opción.

    Le gusta a 1 persona

    1. Es lo que tiene escribir una serie, que siempre te quedas con ganas de saber más. pasado un tiempo de elección de opciones, llegaran las respuestas.
      Saludos. 😉

      Me gusta

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