Relato Erótico +18: Jugando…(Versión resumida)

Una fiesta bacanal, eso era aquello.

Éramos diez personas las que nos sentamos en la mesa ovalada colocada en el centro del salón de José, jugando “Strip-black-jack” y como si los dioses me hubieran escuchado, sentado delante de mí Josh, el sexy profesor de inglés; levanta pasiones por donde va en la Universidad, con un cigarro colgando del lado derecho entre sus labios. Mezclaba las cartas con destreza. Tenía su mirada felina fijada en mí, como cada vez que me ve en clase.

Además de compañeros de la Uni, había más facultativos en la mesa de juego; la de psicología social que tenía adjudicados a dos yogurines a cada lado, como ella los llama, el profe de empresariales con otra de sus alumnas y el resto de personas ya sabía con quien jugaría esa noche.

Josh repartió las cartas. No podía creer cómo había cambiado mi noche de estudios, mucho menos me imaginaba que fuera a acabar así, jugando a las cartas un domingo por la noche, y como única regla, que lo que ocurriese se quedara entre las paredes de esa casa.

Comenzó el juego y con ello las partidas sumaron botellas vacías a un lado de la mesa junto a ceniceros llenos de colillas. Además, en el suelo se podía ver ya numerosa ropa. El calor de la habitación aumentaba por momentos al igual que las miradas con hambre de todos, algunos incluso, decidían dejar el juego para empezar el verdadero.

Quedábamos cuatro en el juego y entre los jadeos de las mujeres y la visión de que a tu lado estuviesen follando sin ningún pudor, el resto en las sillas, en el sofá y también en el suelo. Llegó la culminación de la partida, no aguantamos más y pasamos a la acción.

Entre la bebida y el roce nos calentamos. Me atreví a ir directa y sentarme encima de Josh, valía cualquier cosa esta noche y lo quería a él.

Notar los efectos del alcohol, siempre me hace estar cachonda y me sentía caliente como para meterme su polla hasta el fondo de mi vagina incluso sin preliminares, comencé a moverme simulando lo que vendría después y lo besé como si la vida me fuera en ello. Pero a ambos nos molestaba la única prenda que quedaba, la ropa interior. Con cada roce noté su duro paquete como intentaba reventar el bóxer y por ende, mi coño lubricado mojaba mi tanga. Con rapidez, él se quitó el bóxer y yo el tanga, dejándolos por el suelo, queríamos pasar al tercer y definitivo nivel, me senté otra vez encima, pero el sentir totalmente nuestros sexos y sin ninguna barrera era estar en el cielo. Entonces me separé y en su oído murmuré:

— ¿Tienes un condón?—

—Sí—Contestó sin aliento, lo encontró con rapidez y se lo puso.

Sin más miramientos me asió de la cadera, me tumbó encima de la mesa y con el trasero en el borde abrió mis muslos e instalándose entre ellos se cercioró con la mano que estaba suficientemente lubricada, de una sola vez acopló su miembro en mi interior y emitimos un gemido al unísono.

Pasado un rato seguíamos con la fogosa oscilación de nuestras pelvis, de repente miró a su alrededor.

—Quiero más intimidad, ¿y tú?— cuchicheó en mi oído.

Asentí y sacó su miembro de golpe, sentí el vacío. Con todo mi pesar me incorporó y salimos rápido del salón hacia una de las habitaciones de la casa, atrás dejaba ese peculiar salón, en donde el olor a alcohol, tabaco, sexo más choques de piel, gruñidos masculinos y jadeos femeninos dejaban una verdadera fiesta bacanal.

Al llegar al final del pasillo abrí la última puerta, una vez dentro eché el pestillo que por suerte tenía. Me di la vuelta y allí de pie no pude resistirme, lo agarré del pelo con ganas, mientras nos fundíamos en un beso abrasador.

Josh fue desplazándonos hacia la cama en donde caímos riéndonos. Pero con avidez volvimos a unirnos y sin separarnos ni un milímetro, dimos rienda suelta a toda la pasión acumulada en todo el curso, ojalá no fuese su alumna. Sus dedos viajaban por mi piel dejando una huella lenta y placentera allá por donde pasaban, su mano alcanzó traviesa el principio de mi trasero, se coló entre mis labios hasta llegar a mi entrada, sus dedos lubricaban mi acceso con el fluido que emanaba de mi interior. Sin esperar, metió dos dedos lo que provocó que un grito saliera de mi boca por tal intromisión, comenzó así a bombear sin tregua y cerca de tocar el cielo los sacó de golpe, me dio la vuelta y poniéndome de rodillas en el colchón elevó mi trasero.

—Sí… así es como quería tenerte. Todos los putos días en clase viendo ese culito menearse delante de mis narices y por fin lo tengo en mis manos—dijo con su acento inglés.

Su grandioso pene entró despacio en mi abrasadora humedad, comenzando enloquecedoras embestidas, recorrió con sus manos la espalda y agarró mis caderas con fuerza, cada acometida parecía que iba a romperme, cada vez eran muy profundas y certeras. El calor que estaba emergiendo iba hacerme estallar, los gemidos placenteros de él los oía de lejos. Cuatro, cinco, seis, siete. Cogí la colcha para no caerme, él agarró la coleta y tiró de ella. Quince… veinte, una bola de fuego se formaba en mi interior y quería explotar, con la otra mano atrapó como pudo un pecho y lo dejó tras estrujarlo sensible y estimulado. Gruñidos salían de su nuestras gargantas con cada estocada, arqueé aun más mi espalda con cada tirón que me daba en la coleta, estaba al límite.

— ¿Te gusta, verdad?— preguntó con una voz sensual y ronca.

No contesté. No pude. Lo único que salió de mi boca fue un chillido de placer.

—Bien Luz, te voy a llevar muy alto, agárrate fuerte y disfruta, grita todo lo que quieras, porque sé que lo vas a hacer, así que no te cortes ¿Ok lady?—

Su acento inglés y sus palabras hicieron el efecto que él quería, nada más decirlo, su mano fue directa a mí hinchado clítoris y comenzó dando círculos, incitándolo a que se hinchase aun más. De golpe, sus penetraciones se hicieron potentes y con celeridad sus dedos doblaron el movimiento en mi sexo. Entonces, no lo pude contener, una bola de placer se concentró mi interior, sin darme cuenta y en segundos explotó, mi centro se apretó entorno a él, arqueé aún más la espalda y estallé con un grito, seguido gritó él, al notar cómo se expandió en mi interior eso multiplicó el placer y con un gruñido rudo volví a aullar, chillar y lloriquear, sentí así que tocaba lo más alto como me había prometido. Nos quedamos quietos con la respiración entrecortada.

Cuando estaba recuperando el aliento bajé despacio de mi nube de placer, ya que Josh apoyó su cabeza en mi espalda moldeando su cuerpo con el mío mientras murmuraba contra él.

—Oh my god Luz, estoy destrozado.

Me giré como pude, le miré por encima de mi hombro y respondí de lo más sensualmente.

—Pues entonces túmbate y déjame a mí, porque la noche acaba de empezar profesor…

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Publicado también en: Relatos hot de mentes perversas: Jugando… Lily Tempeltom.

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