Relato fantástico. El árbol de los ahorcados. (Versión extendida)

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Acontinuación os adjunto el enlace de la versión corta del relato que realicé para una de las fotografías (la del encabezado) de la exposicion de Jesús Lorenzo.

Relato corto fantástico; El árbol de los ahorcados, más la imagen de Jesús Lorenzo.

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Como todos los fines de semana, después del trabajo, a la caída del sol, doy un paseo por el camino que rodea la montaña de mi pueblo hasta llegar al caserón de mis abuelos, para desconectar un poco de tanta rutina y disfrutar de la naturaleza.

Siempre me entra la curiosidad de porqué, cuando llego a la mitad del camino, un escalofrío hace que me detenga quedándome al lado del árbol más grande, alto y frondoso que allí descansa. Alzo la mirada a ese majestuoso árbol y me quedo observándolo con nostalgia. Sé que algo esconde, sin embargo, sigo sin saber el qué.

Una vez llego al caserón de mis abuelos, entro. Mi abuelo, está sentado en su sillón, al calor de la chimenea bebiendo su infusión, como todas las tardes. Me acerco a él, lo saludo y me dice que la abuela se ha ido de chismorreo con sus amigas. Me siento en el sofá que hay a su lado riéndome a su vez por lo que me acaba de contar sobre la abuela.

Mi pensamiento vuelve con rapidez, queriendo saber el porqué me siento atraída cada vez que paso por allí. Le pregunto mientras hecha el agua en la taza de té que todas las tardes me tiene preparada.
Sí, sé que sabe algún suceso sobre ese árbol que está en mitad del camino, sé que es el indicado porque sabe muchas historias y leyendas de este pueblo y sus alrededores.

Al principio no me contesta, espero un poco; él sabe que no me voy a mover de allí hasta que no me dé una contestación, soy igual o más terca que él. Me observa, se acomoda en su sillón y comienza a relatarme que en efecto existe una leyenda.

Como todos los abuelos, que conocen a sus nietos, sabe que todo lo relacionado a ese mundo me fascina. Desde pequeña me ha contado muchos cuentos de por aquí.
Sus palabras fueron precisas:

—Ese árbol sirvió para colgar—. Extrañadísima por esa contestación, le pregunto por qué y el qué colgaban de ellos. Se ríe y prosigue…

Ahora soy yo la que me acomodo mejor en el sofá:

<<Todo empezó una fría mañana de invierno sobre el siglo XIV. En esa época los antepasados de esta zona, se dedicaban a la agricultura y la mayoría tenían terrenos donde cultivaban.

Esa mañana, los hombres se disponían a empezar su jornada de trabajo, yendo por el único camino que había para llegar. Por el camino crecían unos hermosos y frondosos árboles. Cada día estaban más grandes, incluso uno había dado un estirón considerable, tanto, que gracias a él, lograba cobijar a todos lo que pasaban por debajo suyo, evitando las dichosas lluvias y nevadas que siempre azotaban por esas fechas.
Aunque eso no impedía que, a los campos, si llegasen. Con ellas, todas sus cosechas quedaban muy dañadas y estropeadas, causando la mínima o nula recogida; y eso fue lo que ocurrió esa mañana.

Con el pesar de saber, que todo lo que habían trabajado no sirvió de nada, se resignaron y tuvieron que volver a sus hogares. Allí, esperarían a que el tiempo mejorase y retomarían el trabajo una vez el clima lo permitiera. Viendo que no podían hacer nada más, los agricultores, se fueron agrupando en un punto concreto en el camino. Lugar que ya había sido propuesto por sus antepasados para cuando pasase algo. Así serían conocedores de dónde reunirse todos con la tranquilidad de que estarían bien.

Al comprobar por cada comentario que todas las cosechas estaban dañadas, se percataron entre conversación y conversación que faltaban dos hombres.
El viento empeoraba y todavía tenían que volver, pero los esperaron. Al ver que no aparecían, decidieron ir a por ellos, para cerciorarse de que no les había sucedido nada.

La sorpresa fue colectiva.

Cuanto más se acercaban, menos se creían lo que sus ojos veían. Las cosechas estaban prácticamente sin ningún desperfecto. Al llegar, ambos hombres, que seguían con sus que aceres, les respondieron sin ser preguntados, que el temporal no las había dañado tanto, y tanto el uno como el otro siguieron con su faena. Ellos sí tenían trabajo.

Ninguno de los que estaban allí les creyó. Nada convencidos y sin preguntar más se marcharon a sus respectivas casas en completo silencio. Algo extraño ocurría en los terrenos de esos dos hombres.

Este suceso no era ni el primero ni el último, ya que con estos dos hombres y sus familias, últimamente nada era normal. Algo quimérico les envolvía, las circunstancias extrañas rondaban a sus alrededores y estaban a la orden del día en el pueblo.
Una de las cosas fuera de lo común, era que sus ropas estaban siempre limpias y como nuevas, al contrario del resto del pueblo que, ó eran telas nuevas o estaban estropeadas y viejas. Además, sus mujeres e hijas siempre vestían de negro y elegantes, mientras que las demás del pueblo vestían de colores y con un ropaje más común, a no ser que alguien muriese. Y para colmo de los colmos del pueblo y del cura de la iglesia, nunca acudían a misa los domingos, ni a ninguna celebración que se hiciese en ésta, si no que, ellos siempre se reunían todos los días uno del mes en una de las eras de la zona. Nadie se había atrevido a ir, puesto que se juntaban a altas horas de la madrugada, allá sobre la media noche. A esa hora solo estaban los guardias patrullando las calles del pueblo y velando por los que sí estaban en sus casas. Como en todo pueblo, cualquier cosa fuera de lo normal se sabía.

Los días pasaron pero desde ese día, el trato hacia esas familias fue distinto, los agricultores no les esperaban e iban al trabajo sin la compañía de los dos hombres, las mujeres del pueblo no cruzaban palabra alguna con las mujeres de éstas familias, y a sus hijos les tenían prohibido que jugasen con los miembros más pequeños.

Así pasó hasta que, una tarde llegó llorando a su casa aterrorizado uno de los niños del pueblo. Fue derecho a los brazos de su madre, la relató que se encontraba jugando con todos los niños y que se peleó con Odón, uno de los hijos de esas familias.
La madre preocupada al ver al pequeño, hipando y con lágrimas en sus mejillas, rojas por el sofoco, le preguntó el porqué, el niño le respondió que estaban jugando en la plaza y haciendo bromas entre todos, pero que, el que realmente le había hecho daño y le había dado mucho miedo, era el hermano de Odón, el cual pasaba por allí y al ver que su hermano chillaba se acercó, su mirada cambió de golpe al percatarse que al alrededor de su hermano se encontraban los que los habían repudiado, y sin preguntar nada alzó la mano poniendo la palma hacia arriba; el niño se sorbió la nariz y siguió, dijo que algo le apretaba el cuello y que cada vez le costaba más respirar, entonces Odón comenzó a chillar en vano a su hermano, diciéndole que solo jugaban, sin tocarle, levantó la otra palma tirando al suelo a Odón haciéndolo callar al instante. La madre abrazó a su hijo, dejó que llorase y miró a los presentes, algunos vecinos que al ver al niño llorar calle abajo, se acercaron a su casa por si era necesaria su ayuda. Una vez más tranquilo, el niño se fue al patio, todos los asistentes no estaban muy convencidos de lo relatado, era un niño y su imaginación volaba demasiado. Sin embargo, lo que nadie se esperaba, era que una pareja joven que pasaba por allí y presenció lo ocurrido al niño, llamase a la puerta para saber si el niño se encontraba bien. La madre los hizo pasar y con toda amabilidad les pidió que explicasen lo que había sucedido. Ellos relataron todo y añadieron que no era la primera vez que pasaba algo así, si no que, en la taberna del pueblo habían oído ciertos rumores y comentarios de este estilo, les comentaron otros sucesos, dejando anonadados a todos los que estaban allí, ya que la mayoría de aquellos relatos concordaban con lo que últimamente sucedía en este pueblo.

Tanto los padres de los niños como los ancianos del pueblo, tras enterarse de lo ocurrido y hartos de tener que hacer la vista a un lado por no tener problemas, decidieron reunirse a primera hora de la mañana del día siguiente. Hicieron lo posible para que ninguna de las dos familias se enterase de lo que estaban tramando. Una vez reunidos en el salón de unos de ellos y tras calmar las disputas de algunos padres preocupados, preguntándose por qué no se había solucionado antes, llegaron a la conclusión de que esas familias tenían que ser expulsadas del pueblo, ya que eran malignas y estaban seguros de que se regían por la brujería. Uno habló alto y claro, revelando que escuchó a uno de los vecinos del pueblo de al lado decir, que en su pueblo cuando una persona estaba maldita, se resolvía ahorcándola y poniéndola un saco con pólvora en el cuello, de este modo no tendría descendencia. Todos sopesaron esto en silencio y poco a poco fueron dando su brazo a torcer al estar conformes con lo dicho. Con esta decisión acordaron que al anochecer, les cogerían desprevenidos en sus casas y llevarían a cabo lo pactado en esa reunión.

Así fue como todos los que estaban en esa reunión presenciaron el acto pactado.
Allí estaban las dos familias al completo, muertas, colgadas con un saco con pólvora en sus cuellos, en el árbol grande y frondoso de la mitad del camino entre el pueblo y sus terrenos. Tras cerciorarse de que estaban todos colgados y que no se movían, se fueron a sus casas contentos y tranquilos porque acababan de terminar con el mal que asolaba el pueblo.

A la mañana siguiente, el clima había cambiado y hacia muy buen tiempo, los agricultores se dirigieron a sus terrenos para empezar a trabajar, no obstante, varios hombres del pueblo se adelantaron horas antes para descolgar y enterrar los cuerpos lejos de esas tierras, lo que no se esperaban era que allí estaban esos hombres, histéricos, buscando los cuerpos que supuestamente se encontrarían colgados y que no los hallaban por ninguna parte.

Se pusieron a buscarlos como locos, buscaron y buscaron, pero no hallaron rastro alguno, ni siquiera las cuerdas. Después de varias horas, decidieron dejar de buscarlos y rezaron para que no les pasase nada. Prometieron por el bien de todos no decir ni una palabra de todo lo ocurrido. Les dirían al resto del pueblo como pretexto de la ausencia de estas dos familias, que ya no eran bienvenidas y que las habían invitado marchar. Cada uno marchó a su terreno en silencio.

Pasaron los días y vieron que no volvían, aunque muchos de los presentes en la reunión dormían intranquilos, creían que iban a volver para vengarse por lo que les hicieron. Los niños preguntaban a sus padres por sus amigos, y algunos les contaron la verdad y otros no. El pueblo volvía a una supuesta normalidad… >>

–En fin, esta historia fue pasando de padres a hijos. Hoy en día se cuenta de muchas maneras, unos la cuentan de esta forma y otros de otra… A mí esta historia me la contó mi abuelo y a él el suyo, así desde la fecha que te he dicho antes. — De repente se calla, y apurando lo que le queda de infusión la deja en la mesa, entrelaza sus manos, se sienta en el borde del sillón, clava su mirada en la mía y continua hablando pero con un tono más bajo, más profundo.— Otras de las historias que recuerdo del árbol que me has preguntado, y que muchos dan fe de ella, es que de vez en cuando, a media noche y desde una cierta distancia del árbol, de las grandes y gruesas ramas de este, se dejan ver reflejadas unas cuerdas, y de ellas hay colgadas unos cuerpos. ¿Sabes?, estas dos historias que te acabo de contar son reales, ¿qué cómo lo sé?, porque sé un secreto que nadie supo excepto nuestra familia, y es que hubo un superviviente, Odón, el cual logró sobrevivir, consiguió escapar y así pudo seguir con la descendencia de esa familia… Esa que tanto temían los de este pueblo. Lo que tampoco saben, es que esa índole sigue entre ellos, por eso cielo, cada vez que pasas por allí, te sientes tan extraña y nostálgica… —

Tras decir aquello se levantó sin decir más, cogió su taza y salió del salón dirección a la cocina, dejándome sentada y con el té helado sin haberlo probado. Inmóvil y sin poder pronunciar palabra alguna, vuelvo en mí, sintiendo de repente la garganta reseca. Hecho la cabeza hacia atrás y quedándome absorta mirando al techo sonrío, sonrío ante la revelación de mi procedencia, por fin las piezas sueltas del puzle de mi vida encajan en su sitio, mi vida ya no será la misma.

 

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