Una vez más: Capítulo 3- Realidad.

Hola a todos. Sé que nunca comento una entrada cuando subo un capítulo de la serie, sin embargo esta vez lo debo hacer por que os lo merecéis.

Después de una serie de catastróficas desdichas que me han sucedido en estas dos semanas anteriores, no he podido subir este capítulo, por ello, por fin os lo dejo y voy a añadir una sorpresita. Como recompensa a la espera subiré seguido a este en otra nueva entrada el capítulo cuatro.

Os vuelvo a pedir perdón por el retraso y ahora solo queda que lo leáis y os guste. A disfrutar. Besos.

Separadfdor

Serie Una vez más

“Anda y aunque haya una piedra en el camino no te detengas. Si te caes, levántate y sigue. Luego serás más fuerte. Lily Tempeltom.”

Llegué a eso del mediodía a Madrid, pero antes de coger el bus en Cádiz que me llevaba de vuelta a la realidad, mis padres me llamaron para que fuera a comer a su casa. No pude negarme, no tenía nada en la nevera y no me apetecía hacer la comida nada más llegar. Por ello me encontraba de camino a su casa.

No sabía si mi hermana estaba en casa de mis padres o seguía en el campus de la universidad. Tenía ganas de verla y que me contase quien era esa nueva conquista que la hizo colgar cuando me llamó en la playa.

Llegué al portal y recé porque Lola, la vecina más maruja del edificio y que para colmo vive enfrente de mis padres, no saliese al rellano o subiera o bajara y me preguntara por que no veía a David últimamente. Así que subí como si fuese un ninja, si me hubiese visto Vega o Julio seguro que se mean de la risa con las poses contra la pared en las columnas. Una vez que ya estaba en la puerta de mis padres, saqué las llaves con sumo cuidado pero con rapidez y entré con mucho sigilo. Cuando cerré y me apoyé en la puerta di gracias de que no saliera, así que me relajé y me asomé al salón. Encontré a mi padre en el sillón viendo el canal de deportes con el vermut de la una; como él dice siempre, en la mano. Al ver que ni mi hermana ni mi madre estaban, supe que mi hermana todavía estaba en la uni y mi madre, por la hora, el buen olor que había en casa y el ruido de los platos sabia que se encontraba en la cocina terminando de preparar la comida, así pues fui a saludar primero a mi padre.

—¡Hola!

—Hija— Con un resorte se levantó del viejo sofá dejando el vaso en la mesita que estaba a su lado. — Tenías que haberme llamado y así te habría recogido.

—No pasa nada papá, no quería molestarte. —Me dio su asfixiante abrazo de bienvenida seguido de dos sonoros besos.

—Vaya tontería Claudia, parece mentira que no sepas que prefiero ir yo a que vengas tú sola.

—No empecemos con esa discusión otra vez.

—Vale, pero la próxima vez me llamas y punto.

—Vale. —Le contesté mientras me dirigía a donde estaba mi madre para decirla que había llegado. Me dijo algo más pero no lo logré escuchar ya que entré en la cocina.

—Mama, ya estoy aquí. — Dejó la sartén a un lado, se limpió las manos y nos abrazamos y terminó con el tierno beso en la frente que siempre me da si no me ve en unos días.

—Que bien Claudia. Justo a tiempo para que no se enfríe. Venga siéntate que te voy a poner ya el plato de sopa.

—¿¡No me digas que has hecho cocido!?

—Claro que si hija, sabes que tienes que coger fuerzas que aparte de lo delgada que estás, seguro que no has comido bien.

Si fuese por mi seguro que no había comido nada bien, pero esta vez no era así, Roberto me había invitado todos los días a su casa y lo que menos me imaginaba era que fuese un excelente cocinero. Me chupaba los dedos con cada comida que hacía.

—Vale mamá. Voy a avisar a papá para que venga a comer.

Llevaba sentada en el sofá cinco minutos escasos cuando oí la puerta de la entrada.

—Ya he llegado.

Era mi hermana entrando y llevándose por delante el aparador de la entrada.

—A comer Inés, que se te enfría. —Dijo mi madre casi a grito pelado desde la cocina.

—Enana. —Vino corriendo y masajeándose la rodilla, cuando llegó al sofá me alzó y me estrujó como si llevásemos tiempo sin vernos. Me es curioso como Inés ha salido así de cariñosa como nuestro padre y sin embargo, yo he salido más a nuestra madre respecto a qué nos cuesta demostrar nuestro afecto a los demás. — Y bien, ¿Cómo te ha ido en las playas gaditanas?

—Bien

— ¿Y ya?

Me quedé callada porque no era plan de que mi padre supiera nada, hasta que mi hermana se dio cuenta de qué significaba mi silencio.

—Vale, vale. Ya veo. Tú y yo tenemos que hablar en privado, ese sonrojo me dice mucho. Solo dime una cosa. ¿Cómo se llama?

— No se llama de ninguna manera.

—No me lo creo.

—Allá tú.

—Tu no me engañas, te conozco como si te hubiese parido, vamos que no, pero te vi hecha un cacahuete cuando tenía apenas unos días y te he tenido que soportar hasta ahora, — me cogió ambos mofletes y me los apretó con cariño —vamos que tu a mi no me engañas. ¡Ja! — Se me acerca al oído —y no sigo porque está papá con el radar puesto y no quiero discursitos, — nos reímos en alto — pero después vamos a tu casa, llamas a las “Supernenas” y hacemos tarde de cotillas. Que hace mucho que no me doy un respiro y así también les cuentas lo del imbécil.

—Ok, pero yo también tengo la artillería preparada. ¿Quién era “esa persona” —Puse comillas con los dedos para exagerar —por la que dejaste tirada a tu pobre hermanita pequeña cuando me llamaste en la playa? ¿Eh petarda?

—Después, te lo cuento. —y así me dejó y se fue a la cocina a comer.

—Vaya dos estáis hechas. —Dejó caer mi padre como diciéndoselo a él mismo. Se rió y siguió como si nada mirando la tele.

Y qué razón tiene.

Nos despedimos mi hermana y yo de nuestros padres después de haberles contado lo bien que me lo pasé, además de enseñarles las fotos que hice. Nos montamos en el coche de Inés y emprendimos camino a mi casa, no sin antes llamar a las “Supernenas cotillas”. Quedamos en hora y media en mi casa y nosotras aprovechamos para pasar por el super para comprar algo de cenar, algunas cervezas y chuches. Cargadas hasta los topes en el portal de mi bloque, la dije a mi hermana que buscase aparcamiento mientras la esperaba con toda la compra y así lo subíamos juntas. A los cinco minutos las vi venir a las tres, mi hermana junto con Vega y Nani.

—He tenido una suerte que no veas, he aparcado a una calle de aquí. Increíble. ¿Verdad? — comentó mi hermana.

—Inés, tú siempre tienes suerte. Si no pregúntale a Vega donde ha aparcado. — La contesté sabiendo la “suerte” de Vega.

—Tiene razón tu hermana, he aparcado al lado de la farmacia, vamos, a cinco calles de aquí y porque a visto el hueco Nani, si fuese yo todavía estaríamos dando vueltas.

—La verdad es que sí, estaríamos dando vueltas como tontitas. — Terminó diciendo Nani.

—Bueno vale, tengo suerte. —Se río y cogió una bolsa. — La próxima vez vamos todas en mi coche y punto. —Todas afirmamos con la cabeza y cogimos cada una el resto de bolsas que quedaban.

—Y le digo a Roberto al día siguiente y con una resaca espantosa: “No, no, esto no se tiene que repetir. Ha sido un error y el tequila es muy malo, con una vez ha sido suficiente” .

— Y ¿ya? ¿Solo lo hicisteis una vez? —Dijo Nani sorprendida.

— Sí, fue más el calentón que otra cosa. Y hemos seguido tan amigos y sin problemas.

— ¿Y donde fue? —Continuó Nani, siempre tan cotilla.

—En una de las habitaciones del chalet de unos de sus amigos, me invitaron a cenar y que si una copita que si otra copita.

— Pues que te quiten lo bailao. — Dijo mi hermana.

— Y tanto. — afirmó Nani.

—Entonces, ¿ya no estáis juntos David y tú?— Me preguntó Vega con cara de detective.

—No, ahora os cuento mientras nos tomamos una copa de vino. Además de que gracias a mi hermana y mis padres me he dado estas buenas vacaciones. — Las terminé de decir y la puerta del ascensor se abrió.

De repente la atmósfera de buen rollo cambió cuando vimos la puerta abierta de mi piso que daba a la derecha del ascensor. Vega y yo habíamos dado clases de defensa personal y ambas nos hicimos las valientes, les dijimos a Nani y a mi hermana, todo ello en silencio y con señas, que no hiciesen ningún ruido, que se quedaran en la pared quietas y que estuviesen preparadas con los móviles, por si acaso. Vega se puso detrás de mí y lentamente entramos. El primer olor que recibí era el humo a vainilla de vela seguido de uno dulzón parecido al de la fresa, el cual no me agradaba mucho. Esto ya me estaba oliendo y qué mejor manera de describirlo, ha quemado. Vega me estaba intentando retener y no paraba de tirar de mi brazo para retroceder, pero yo quería saber qué coño estaba pasando en mi casa. Todo estaba oscuro pero según avanzamos por el largo pasillo, íbamos viendo una especie de luz amarilla de muy poca intensidad, miré el suelo y vi a un palmo de la puerta de mi habitación, que es la primera según entras, varios pétalos de rosas amarillas esparcidos por el suelo seguidos de velas pequeñas encendidas haciendo un camino hacia el interior. Aunque lo deducía, entré a mi habitación y mis ojos no daban crédito a lo que tenían ante ellos.

— ¡Batmanmia!

— Hola cariño. ¡Oh, mierda!

— ¿SE PUEDE SABER QUÉ HOSTIAS HACES TU AQUÍ Y ASÍ? Por dios, ten un poco de dignidad David y tápate, deja de hacer el ridículo. —Le dije chillando ya fuera de mí, sin pensarlo fui directa a donde había dejado su ropa y prenda por prenda se la tiré con toda mi rabia a la cara.

—¿Es que no te ha gustado la sorpresa? Sabía que venías y quería sorprenderte. —Me dijo con una gran sonrisa, no podía creer que me estuviera preguntando eso.

—¡Y tanto que lo has hecho! — Dije entre dientes y lo más seria que pude. Mis manos iban de mi cara a mi pelo y de mi pelo a la cara. Miré a la puerta y vi que Vega no estaba. —La verdad David, ¿Qué coño haces en mí casa?— Remarqué MÍ CASA para que supiese que ésta ya no era su casa.

—Quería pedirte otra oportunidad. —Me dijo mirándome a un palmo de mi cara.

—¿Que pasa, que la tía esa ya no te da lo que te daba yo?

—No es eso, es que me he dado cuenta de que no la quiero, solo fue un calentón y me arrepiento muchísimo.

—¿No me lo estarás diciendo en serio?

Se puso los pantalones y se pasó las manos por el pelo.

—Sabes que te quiero y que no quiero que lo nuestro acabe.

—Sal de mi casa.

—También es mía, además ¿Que hacías tú sola en Cádiz?

—¡NO es tuya!, es mía maldita sea y me fui a Cádiz por el maldito daño que me has hecho. Y no te pienso decir nada más porque tú, ya no eres nadie en mi vida. Así que, ¡SAL DE MI PUTA CASA!. —Intenté calmarme— Ya está bien de jugar conmigo, de hacerme daño. He aguantado tres infidelidades David —Me miró asombrado porque nos se lo esperaba— sí David, lo sabía, esas cosas se saben, pero me callé, no dije nada y busqué soluciones, pensé que era yo el problema, pero nada.— se me hizo un nudo en la garganta— Yo si te quería, ¿sabes?, pero no, ya no, tú desde hace un mes estás fuera de mi vida.

—¿Pero…?

—¿Aún tienes narices de tener un pero? ¡FUERA!. —Le señalé la puerta. —¡Ah, una última cosa!— Me miró —Las llaves.

Se quedó dudando en dármelas o no. Aunque no me las diese, mañana mismo le diré a mi padre que me cambie la cerradura —Pensé—. Y para rematar, una lágrima traicionera resbaló por mi mejilla.

—Te qui…

—¡HE DICHO QUE FUERA, JODER!

Mi hermana, Vega y Nani, esperaban en la entrada del salón que quedaba a mi espalda en mitad del pasillo. David por su parte se puso las playeras en la entrada y sin volver a mirarme dejó las llaves en el cesto que había en el aparador de la entrada, abrió la puerta y sin dar ningún portazo la cerró.

Me desplome en el suelo y un llanto desconsolado surgió de mi pecho. Noté como varias manos me levantaban y me llevaban en volandas.

—Ya está cariño, ya lloraste suficiente por ese hijo de puta. —Me consoló mi hermana.

Vega y Nani se quedaron esperando a que reaccionara.

Sonó el timbre y fue a responder Vega.

—Es Julio— Dijo nada más entrar en el salón.

—¿Quien lo ha llamado? —Balbuceé quitándome los restos del llanto.

—Yo— Respondió Vega— No sabía qué hacer, os he visto tan así que ha sido el primer chico que te podría ayudar y el que se me ha pasado por la cabeza.

—La madre que te parió Vega. — Medio reí y medio lloré, no sabía si matarla o darla las gracias.

—¿Dónde está ese mal nacido?— Era un inusual julio mucho más alterado de lo normal hablando desde la entrada de mi piso.

— Se ha ido, tranquilo. —Le respondí.

—Bien, porque le llego a pillar y no sé lo que le hago. — Se acerca y Nani le deja su sitio a mi lado— ¿Estás bien?

—Sí, la verdad es que me he quedado muy a gusto diciéndole todo lo que le tenía que decir.

—Hazme un favor. —me hizo mirarle a los ojos y eso suponía una promesa cien por cien. — La próxima vez que veas que la puerta de tu casa está abierta, lo primero, no entres y lo segundo llámame.

— Es que se han querido hacer las valientes. — Dijo mi hermana.

— Ya ¿Y que hubiera pasado si hubiese sido diferente? En fin, —Se quedó en silencio y su cara cambió. — Entonces. ¿Esto significa que ya no estás con David?

—Aja.

Se llevó las manos a la cara.

—Pero ¿Te ha hecho algo?

—No me ha pegado ni maltratado.

—Bueno, maltratado físicamente no, pero psicológicamente sí. Qué te ha tenido en jaque desde que se fue por la puerta hace un mes. — interrumpió mi hermana.

—Hace un mes ¿y no nos has dicho nada?—Dijo Vega asombrada.

—De verdad chicos que lo siento de corazón pero no he tenido fuerzas para decírselo a nadie. Mi hermana y mis padres me han ayudado y no quería molestar.

— Pero tu eres tonta. Esta vez te lo paso, pero que sea la última, somos tus amigos — dijo julio mirando a todas y éstas afirmaron con la cabeza— y si vuelves a tener un problema sea con él o cualquier otro, más te vale que nos lo cuentes porque yo personalmente me voy a enfadar muchísimo.

— Vale— Dije alargando la a— está bien. Lo siento mucho. De verdad, es que…— no pude continuar, otro nudo en la garganta me hizo callar y unas lágrimas bajaron por mis mejillas.

— Bueno, vamos a dejarlo aquí. Nos vamos a tomar ese cóctel que decías y luego si quieres nos cuentas. — sentenció Vega.

—Insensatas —Dijo Julio mirandonos a Vega y a mi.

—Venga, ya está. No ha pasado nada.

—¿Y si llega a pasar?

—Pero no ha pasado nada, así que deja esa vena del Señor de los Anillos.

—Si es que tenías que ser friki y encima profesor. —le contestó Vega yéndose a la cocina.

—¿Y lo de profesor que tiene que ver?

— Es porque te da un aire más… sofisticado a ese friki que llevas dentro. — Nos tuvimos que reír todos, vaya con Vega.

—Bueno, entonces yo me voy. —Dijo julio y empezó a levantarse cuando la misma Vega lo paró.

—No, por favor, ya que has venido y si no tienes nada que hacer quédate, queremos sacarla información de cómo se lo ha pasado esta semana en Cádiz. — le pidió Vega.

—Seréis perras que encima de que quedáis no me llamáis, si no llega a ser por el imbécil ni me entero. Claudia, te podía haber presentado a un colega que aunque vive en Madrid justo esta semana también iba para Cádiz y así no ibas sola.

—Y ¿no le conozco?

—¡Eh! No, es un poco de esos de culo inquieto. Lo conocí hará cuatro años cuando fui a esa reunión de profesores en Leganés, luego ha ido dando tumbos hasta que me dijo que vive al lado de mi casa.

—Y por curiosidad, ¿Como se llama?

—Roberto. ¿Por?

¡Batmanmia! ¡Batmanmia! ¡Batmanmia! No me lo podía creer, pero vamos ni yo ni las chicas que estaban calladas y con la boca abierta, este mundo es un pañuelo.

—¿Cómo es?—Dije mientras me subían los colores a los mofletes.

—Pues, es un poco más alto que yo, moreno con el pelo corto, ojos verdes, delgado.

—¿Tienes alguna foto de él?

—Espera que voy a mirar en el móvil. —Fue a por su móvil y al cabo de unos minutos ahí estaba, enfrente de mis narices, Roberto, con esa sonrisilla característica de él y esos ojos verdes que encandilan a quien le mire.

—¿Le conoces? — Me preguntó de nuevo Julio.

—Sí. Lo conocí en Cádiz.

—Joder con la niña, no ha perdido el tiempo en Cádiz. — dejó caer Nani riéndose después de ver la foto de Roberto.

Mi hermana me miraba triunfadora de haber conseguido su cometido, olvidarme por unos días del indeseable de David.

—¿Sabes? Ves haciendo esos cócteles y seguimos hablando, que aquí hay mucho que contar — Dijo julio mientras se levantaba para llamar por el móvil. Nani, Vega y mi hermana se fueron a la cocina para preparar la cena y yo me fui al mueble bar del salón para preparar los cócteles y olvidarme de lo que acababa de pasar.

Después de una cerveza, un Margarita y el Martini blanco con zumo de manzana que llevaba en mano, les conté con muchos más detalles tanto el viaje a Cádiz como lo qué nos había pasado a David y a mí, el cómo vino un día recogió sus cosas y me dejó diciéndome que se iba con una y rematé con lo mal que lo pasé todo este último mes por su culpa. Ellos por su parte me pidieron perdón por no haberme llamado.

—Vida nueva Claudia, ahora estás aquí y nosotros a tu lado y a ese David, que por cierto mira que te dije que no me gustaba nada y tú por tus ovarios que sí, que le den. ¿Sabes? Te voy a presentar a unos cuantos amigos.

—Deja de decir estupideces Julio. Ella tiene que vivir la vida y dejarse de tíos. —le cortó Vega.

—Eso es lo que la estoy diciendo. — Bebió de su chupito.

—¡Uf! Creo que nos hemos pasado bebiendo. —Dijo Nani mirando el último trago de su vaso.

—Venga chicos, vámonos a casa que todos tenemos que hacer cosas mañana y mirar la hora que es. — Dijo Vega. Aunque no era tan tarde, sólo la una.

—¿Estás de turno de tarde no?— Me preguntó mi hermana.

—Sí, ¿Por?

—Porque me voy a quedar en el sofá a dormir.

—Manda un mensaje a mamá. ¿Alguien más se queda?—Pregunté. — No quiero que os vayáis con este estado de embriaguez.

—¡Uy Claudia! que fisna te has vuelto. —Nos reímos todos.

— ¿Sabéis qué? Venga a dormir todos. Hasta mañana — Y yo me fui a dormir y no me enteré de quien se quedó.

Total, eran las 12 de la mañana y estábamos desayunando mi hermana, Julio y yo en silencio. Resulta que el peyero de Julio llamó al colegio para decir que se había puesto malo y que no podía ir, mi hermana tampoco fue a clase, sin embargo Vega y Nani tuvieron que irse, ya que tenían que trabajar, es lo que tiene cuando uno tiene un negocio propio, me daba mucha pena pero prometimos que las siguientes vacaciones las teníamos que pasar juntos. Y yo me estaba concienciando de que esta tarde me tocaba volver a la rutina de estar detrás de una barra sirviendo cafés y bollería. En fin, de vuelta a la rutina, una vez más.

Separadfdor

Si quieres saber cómo continúa, este es el enlace: Una vez más: Capítulo 4- ¡Hey, beby! ¡Buu! (Parte1)

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