Una vez más: Capítulo 2- Resaca.

“La vida es muy simple pero insistimos en hacerla complicada. -Confucio”.

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Dichosa cama de los demonios como se nota que es de las baratas y encima con muelles. No he podido pegar ojo ni tampoco descansar desde que el ladrido del perro de la vecina me ha desvelado.

Los rayos del sol que se filtraban por la ventana comenzaban a molestarme. Me vi despierta del todo y aún tumbada en la cama empecé a pensar en lo que le dije anoche a Roberto en el chiringuito “El Espetero”. Me iba mañana a Cádiz y quería despedirme de todas las personas que había conocido aquí, y qué mejor manera de hacerlo que decírselo al súper socorrista que me salvó de ahogarme en esa pequeña pero maldita ola asesina, además de ser él el que me presentó a todos sus amigos de la ciudad.

Me levanté resignada harta de dar vueltas y fui directa al baño. Tenía la sensación de que mi mini yo se lo seguía pasando genial en mi cabeza, la sentía como si estuviera todavía de fiesta, pequeña C la fiesta está Game Over. Era muy molesto el dolor punzante en la sien, sin embargo, el susto que me llevé al coger el papel higiénico hizo que por unos instantes desapareciera. Eso sí, el susto fue minino  << ¿Pero quién coño es este tío y qué hace aquí?>>  pensé. Ahí, durmiendo de una manera muy poco plácida en la bañera y con la babilla colgando de un lado de la boca, tenía a un espécimen, bastante buenorro la verdad y sólo con unos vaqueros. Vamos que parecía más un bebé que lo que aparentaba físicamente. No quería despertarlo y verme en una situación comprometida, por ello esperé a estar más despierta y sin ese zapateo de mi mini yo Claudia en la cabeza.

Miré de refilón el espejo y escrito con carmín a un lado de este tenía un número de móvil junto con un beso al final, ni nombre ni nada. ¡Huyuyui! Esto me huele a que anoche la fiesta de mi despedida se desmadró un poco de más de la cuenta y seguro que ha sido Roberto quien me la ha liado y hemos acabado en mi casa, y esa no era mi idea. Ya verás cuando le coja. Mientras pensaba esto me fui lavando la cara y el pensamiento se esfumó al levantar la cara y verme en el espejo. Las ojeras se me habían marcado bastante y tenía los ojos rojos de no haber dormido absolutamente nada y creo también que algo de culpa fue de los cubatas y los chupítos de más. Sabía que me había pasado tres pueblos. Apague la luz y dejé al tío “buenorro-bebebaboso” en la bañera. Fui a tomarme un café a ver si me cambia el ánimo.

Me enfilé por el pasillo que para mi gusto era demasiado largo, di al interruptor de la luz porque no se veía nada y empecé a ver el desastre, distintas ropas y varios cojines por el suelo, la mesita que debería estar junto al sofá se encontraba en la mitad del pasillo y un par de sillas a ambos lados, además de una chica durmiendo en una de ellas con su bolso como almohada, fijo que hoy tendrá tortícolis. Sin embargo, esto no quedaba ahí, me recordaba a la peli ‘Resacón en las Vegas’. Varios tíos que no conocía de nada apoyados en la pared junto a la entrada del salón, con un vaso de no sé qué y hablando en un andaluz demasiado seseante, normal. Fui a pasar al salón y tuve que sortear el brazo de una chica que también estaba dormida en la puerta. Fui con cautela porque estaba todo en penumbra, hasta que llegué a una pierna que colgaba del otro sofá más largo, pegado a la pared de la derecha.

—Quillo, déjame joé ¡que quiero zegui dormía! —Esa era Marina quejándose por haberla cogido del tobillo, inconfundible.

Estaba agarrada a otra chica que por lo que deduje era Elisa. Subí las persianas porque tenía que limpiar todo, si no, no me daba tiempo a dejarlo como estaba para no tener problemas ni con mis padres ni con el propietario.

Al darme la vuelta me di cuenta realmente de en qué estado estaba realmente la casa.

    — ¡Batmanmia!— Dije ahogadamente. ¡Pero bueno! Que dolor de garganta.

El salón no era un salón, era un salón del revés. Varias sillas boca abajo, uno de los sofás que si lo abres se convierte cama estaba invadido por dos chicos y una chica entre ellos, eso sí todos estaban vestidos, di gracias por ello. En el ventilador del techo varias camisetas dando vueltas y en la mesa grande y en ciertas partes del suelo vasos, botellas de alcohol y refrescos.

Empecé a oír las quejas y para evitar que me matasen o me tirasen cualquier cosa que tuviesen a mano por haberles despertado, fui directa a la cocina para tomar el ansiado café y un antihistamínico . Me daba pena irme y más después de haber conocido a las chicas y al resto del grupo, la verdad es que se han portado fenomenal conmigo, además son muy majos, pero una tiene que volver a casa y enfrentarse con lo que hay allí. Mierda David, será hijo de…  <<Cálmate Claudia>>, él se fue y te juró que no iba a volver, espero que cumpla con lo que dijo, no como la última vez…

—Buenas tardes, Batmanmia. — me interrumpió una voz a mi espalda, me giré y juro que le maté con la mirada. — ¡Qué! Fuiste tú la que propusiste venir a tu casa, yo te dije que era mala idea y que era mejor ir a casa de Miguel. —Era Roberto apoyado en la puerta de la cocina que une el salón y ésta, mientras bebía de una taza. — ¿Quieres?

— ¿Qué es?  Y ¿cómo que fui yo? —dije casi sin poder hablar.

—Café. Estaba hecho. Muy previsora, sí señor. Y sí, fuiste tú la que en la tercera ronda dijo que la fiesta no acababa en el Al-Ándalus.

—Ya me lo pongo yo. Jod…— No podía hablar, ¡Estaba afónica! ¡Mierda!

—Uuu, y mira que también te dije que no chillaras tanto. Si es queee…

Me puse a prepararme el café y cogí la pastilla, él se quedó en silencio. <<¡Batmanmia, batmanmia, y batmanmia!>>. Mañana volvía a Madrid y no podía llegar así. Mi jefe me mataría. Cogí mi taza de Batman; mi superhéroe favorito, y me eché el café, la leche y una cucharada de azúcar. Retiré unos 8 vasos de la mesa centro, los tiré a la basura y me senté a beber el café con tranquilidad para poder afrontar lo que me venía. Menos mal que el estómago no lo tenía revuelto después de lo todo lo que bebí anoche. Roberto en silencio se sentó a mi lado, no dijimos nada, pero las miradas lo decían todo.

— ¿Por dónde empezamos?— cortó Roberto el silencio al rato.

Me tomé el final del café y volví a retirar otra tanda de vasos de la pila, para poder fregar las tazas. Después cogí un papel y un boli y escribí lo que haría cada uno, de momento, no pensaba abrir la boca.

Roberto y Katia iban despertando a la gente y la invitaban a irse a sus casas, mientras Marina, Elisa, Diego y yo íbamos limpiando las zonas que quedaban despejadas.

No sé cómo había tanta gente en casa, por lo menos salieron unas veinte personas y a la mitad ni siquiera les conocía. Aunque no se fueron sin pasar primero a darme la enhorabuena por el pedazo de fiesta que me había marcado, añadiendo además lo bien que se lo pasaron en la piscina del pub Catartis, otro local que por lo que se ve también visitamos antes de venir aquí. La verdad es que no sabía que había hecho y el no poder hablar me impedía preguntar.

Una vez entró a casa Diego después de haber tirado la última bolsa de basura, que ya era la sexta y bien llena, miré el reloj e hice el cálculo de cuánto habíamos tardado en conseguir que todo estuviera como antes, tardamos unas tres horas y menos mal que me habían ayudado.

Ahora estábamos tirados en el sofá esperando a que llegasen las pizzas que habíamos pedido. Era la hora de cenar y nadie se quería ir aún.

—Chicos, me acaba de llegar un mensaje y no os vais a creer quien sale en el video. — dijo Marina. Nos acercamos a ella y pulsó play.

Allí encima de un trampolín estaba yo, menos mal que era el de poca altura. Oía como Diego y Katia me decían que no me tirase y Marina me decía que no tenía ovarios para hacerlo. Entonces sin más, me tiré de espaldas con los brazos abiertos igual que si me tirase en la nieve para hacer un ángel.

—Menos mal que era el trampolín de los niños porque si no, la ostia que te habrías dado hubiera sido monumental. ¿No te duele la espalda?— me preguntó Katia.

Cogí la libreta que tenía a mi lado y escribí:

“La verdad es que ahora que lo dices, un poco, pero creo que es por toda la noche en general”.

—Espera, espera que el video no acaba ahí — comentó Roberto.

Salía de la piscina con una sonrisa en la boca, pero me había dejado la parte de arriba del bikini en la piscina.

Tierra trágame.

—La verdad es que las tienes muy bien puestas. — Habló Marina y el resto la secundó.

“Gracias. Por cierto, ¿quién me salvó de la situación?” les escribí y se lo enseñé con la cara roja como un tomate.

Me miró Marina y supe que fue ella. Le di un beso en agradecimiento.

Sonó mi móvil y no podía contestar. Saltó el buzón de voz y seguido me llegó un mensaje.

Vi que tenía cuatro mensajes, el primero de mis padres.

    Hija, ¿cómo van tus últimas horas de vacaciones? Espero que te lo hayas pasado muy bien, ya nos contarás, te queremos y te echamos de menos.

El segundo de mi hermana.

    Chiqui, ¿a qué hora llegas mañana? Es para ir con los papas a recogerte. Besos

El tercero era de Vega y Nani.

    ¿Con qué Cádiz? ¿Eh? ¿Y tú sola? ¿Pero tía que ha pasado con David? Nani está preocupada y yo también. ¿Cuándo vuelves? Doy gracias a la madre que tienes que nos cuenta todo, pero aun así, cuando vengas ajustaremos cuentas.

Y el cuatro no sabía de quién era, ponía número desconocido.

    ¿Se puede saber qué haces tú sola en Cádiz?

Era David, mi ex. ¡Batmanmia! ¿¡Qué!?

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Si quieres saber cómo continúa, este es el enlace: Una vez más: Capítulo 3- Realidad.

 

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5 comentarios en “Una vez más: Capítulo 2- Resaca.

    • Uy sí, tiene un rollito muy interesante estos dos. Y eso de “Batmanmia” se lo preguntaré a Claudia. Aunque creo que la culpa es del superhéroe “buenorro” de Batman. Jejejeje.
      A mi también me encanta que te encante, 😉
      Un besazo Meri y muchas gracias por comentar.

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  1. Una vez más de las dos veces que he tenido la oportunidad de leerte, me parece precioso y con mucha intriga!!
    Con ganas de seguir con el tercer capítulo para saber que pasará!!!

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  2. Pingback: Una vez más: Capítulo 1- Cerrando capítulo. | Palabras en Papeles Escritos de Lily Tempeltom

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